Pero tenía
sentimientos. Después de cada batalla recordaba las muertes. Las caras y los
cuerpos de todas y cada una de las personas que había asesinado. El estrés
hacía que su cabello creciera blanquecino aun a su edad, en la que los jóvenes
pasaban el tiempo bebiendo y flirteando. Él mataba. Recordaba los cortes, los
bailes, los puñetazos y los golpes. Cada vez que peleaba sentía crecer dentro
una rabia que le animaba a continuar. Pero no era contra quien enfrentaba. Si
no contra quien lo comandaba.
Su padre le
había arrebatado todo para que sólo le quedara la lucha. Era bueno en lo que
hacía y su padre quería que siguiera siendo así. Perdió a su madre por esa
razón. Persiguieron, violaron y asesinaron a una chica con la que se veía y que
hubiera podido ser algo más que una amiga… si hubiera dejado esa vida, cosa que
su padre no permitiría jamás. No le quedaba nada. Se lo habían quitado todo.
Sólo le quedaba luchar.
Hundió su puño
contra el espejo y lo hizo añicos. Se cortó toda la mano y la sangre manchaba
de rojo el blanco lavabo. En cada trozo del espejo era capaz de ver las
diferentes partes de su vida, todas horribles y que desearía no haber vivido.
La muerte de su madre antes sus ojos, el cuerpo mutilado de su amiga, los
cuerpos de los hombres que mataba… y su padre. Ante todo su padre.
La furia se
apoderó de él. Empezó a lanzar todo por los aires. No podía controlarse. Cogió
un retrato de su padre y lo hizo pedazos contra un muro. Estaba a punto de
estallar. No se daba cuenta de que los pedazos de las cosas que rompía no
tocaban el suelo… si no que se movían a su alrededor impulsados por una
corriente de aire. Empezaba a tener cortes en los brazos por culpa de este
viento que había invadido su casa. Se estaba volviendo loco.
Gritó.
Las ventanas
estallaron. Los pedazos salieron volando a la calle seguidos de un viento
huracanado que invadió las calles de la ciudad. La gente salió despavorida en
busca de refugio. Los que no lo conseguían salían volando. Alrededor de la
ciudad se formó un violento tifón.
El viento llegó
más allá de la ciudad, incluso a los caminos circundantes, donde una figura en capa
con capucha negra y ojos morados paró en seco y dirigió su mirada hacia el
antinatural huracán que se había formado de la nada.
Draco caminaba decididamente
en dirección al muelle que era la base de la mafia de su padre. Cada paso que
daba enviaba el agua de los charcos volando metros de distancia. Cuando llegó a
las puertas blindadas del muelle no tuvo ni que hacer esfuerzo. Mandó una onda
de viento que las derribó, desencajó y envió volando hacia dentro aplastando a
varios matones que estaban detrás. Al verlo, los demás le atacaron, pero cuando
se acercaban recibían profundos cortes del viento que le rodeaba. Cuando llegó
al centro del muelle se paró, y miró a su padre, que estaba en una pasarela
superior. Quizá esperaba ver algo en él. Quizá aún tenía esperanza de que fuera
su padre y no su amo.
Su padre sacó
entonces un revólver, un ingenio mortal reciente capaz de disparar unas balas
que atravesaban a la gente, y le apuntó con ella.
Draco cerró los
ojos. Su padre apretó el gatillo.
Con el ruido
del disparo Draco volvió a abrir los ojos, pero esta vez brillaban con un
fulgor verde que denotaba su voluntad, la de acabar con ellos allí mismo, la de
acabar con todo. Giró sobre sí mismo y creó un tornado dentro del muelle que
empezó a engullir a todo y a todos los que allí había. La madera se
resquebrajaba, las personas salían volando por los aires rompiendo techos y
ventanas. Nada sobreviviría allí. Donde antes había un enorme muelle ahora no
había más que madera y astillas. Hasta las vigas de hierro volaban a toda
velocidad destrozando lo que encontraban en su camino, incluido su padre.
Unas luces
moradas estallaron muy cerca de él, desviadas por el viento. Buscando la fuente
vio una figura negra que flotaba por encima del agua a toda velocidad contra
él. Reunió viento alrededor de sus brazos y paró el ataque de su espada. Una
espada bastarda plateada con marcas negras. Repelió a su atacante y le lanzó el
viento que tenía en sus brazos, buscando cortarle o atravesarle. Su agresor era
muy rápido, y parecía tener control sobre el viento también, aunque en menor
medida. Evitaba los cortes y contraatacaba. Nunca nadie le había costado tanto.
Uno de sus
ataques dio de lleno en su objetivo, pero sólo cortó la capa negra que le
cubría que quedó hecha jirones. La figura, que parecía un hombre, había
retrocedido. Sin la capa negra pudo por fin verle. Tendría su misma edad, pelo
azabache entre corto y medio largo, despeinado, y unos ojos de un fulgor morado
de una intensidad casi tan fuerte como el suyo. Sobre sus ropas oscuras llevaba
una gabardina blanca, que hacía parecer que perteneciera a algún tipo de grupo
u orden. Parecía poderoso, y bajo control, no como él, que realmente no sabía
cómo hacía lo que hacía. Pero daba igual, estaba a punto de cambiar de vida,
estaba escapando de su yugo. No le iban a frenar ahora. Nadie.
Su atacante
cruzó sus brazos frente a él, formando como un sello, y al moverlos aparecieron
un par de luces moradas a su alrededor. No sabía qué eran pero no iba a
permitirle continuar. Se lanzó contra él con todo lo que tenía. Intercambiaron golpes,
cortes y sangre. Pero Draco era más diestro en la lucha. Terminó por clavarle
una de sus manos en el estómago. Ya era suyo.
Su atacante
entonces le agarró el brazo con la mano izquierda para que no se soltara, y con
la derecha terminó de trazar el sello. Las luces moradas los rodearon y
formaron un círculo a su alrededor. La realidad parecía disiparse y todo se
volvía borroso. Y negro. Cuando volvió a recuperar el equilibrio estaba dentro
de una sala herméticamente cerrada, rodeado de gente armada apuntándole con sus
espadas a la garganta. Aquél que le había atacado estaba en el suelo sangrando
por la herida… a la que una chica estaba induciendo una luz verde, cálida, que
estaba increíblemente curándole la herida. Sobreviviría.
Las fuerzas que
tenía antes habían desaparecido. No podía hacer nada de aire y se sentía como
exhausto.
- Has gastado
excesivo poder mágico – le dijo uno de los hombres que allí se encontraba, de
pelo y ojos blancos.- ¿Podemos conocer tu nombre?
- Me llamo
Draco.
- Draco, Drax…Tu
nuevo nombre será Edrax, si estás conforme.
- ¿Edrax? ¿Qué
es todo esto? ¿Dónde estoy?
- Esto es tu
nueva vida Edrax. Tardarás en acostumbrarte, pero tienes edad para adaptarte.
Esto es una ciudad de gente como tú y como él. Como todos nosotros. No todas
las personas son capaces de usar magia, pero tú tienes un talento excepcional.
Muy pocos despiertan como tú hiciste o como hiciera Fox en su momento. Pero
aparte tú tenías cierto control sobre ello. Sumamente interesante.
- No entiendo
nada de lo que me estás diciendo. ¿Dónde estoy?
- Lo entenderás
con tiempo. Aquí en tu nueva casa. En Val’hal.
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