jueves, 14 de junio de 2012

Extra 2 – El despertar del viento

La ciudad rebosa miedo por la noche. Toda ella sabe lo que sucede en su interior, pero no pueden hacer nada. Las mafias, en su ansia de poder y de riqueza, llevaron esa ciudad a la ruina, aunque tampoco creía que hubiese sido muy próspera. Por las noches las diferentes mafias hacían su trabajo. Cobraban a sus protegidos, hacían trapicheos, peleaban con mafias rivales… en eso era bueno, uno de los mejores. Desde pequeño, su padre, el líder de una de las mafias más importantes de Metrópoli, le había enseñado a matar. Era un luchador nato, mortal cuerpo a cuerpo y con armas blancas. Era en sí un arma de su padre, al que llamaban Dragón en señal de respeto. Por eso a él lo llamaban Draco, como la cría del dragón. Una cría perfecta. Era una máquina a la que habían enseñado a no tener sentimientos.

Pero tenía sentimientos. Después de cada batalla recordaba las muertes. Las caras y los cuerpos de todas y cada una de las personas que había asesinado. El estrés hacía que su cabello creciera blanquecino aun a su edad, en la que los jóvenes pasaban el tiempo bebiendo y flirteando. Él mataba. Recordaba los cortes, los bailes, los puñetazos y los golpes. Cada vez que peleaba sentía crecer dentro una rabia que le animaba a continuar. Pero no era contra quien enfrentaba. Si no contra quien lo comandaba.

Su padre le había arrebatado todo para que sólo le quedara la lucha. Era bueno en lo que hacía y su padre quería que siguiera siendo así. Perdió a su madre por esa razón. Persiguieron, violaron y asesinaron a una chica con la que se veía y que hubiera podido ser algo más que una amiga… si hubiera dejado esa vida, cosa que su padre no permitiría jamás. No le quedaba nada. Se lo habían quitado todo. Sólo le quedaba luchar.

Hundió su puño contra el espejo y lo hizo añicos. Se cortó toda la mano y la sangre manchaba de rojo el blanco lavabo. En cada trozo del espejo era capaz de ver las diferentes partes de su vida, todas horribles y que desearía no haber vivido. La muerte de su madre antes sus ojos, el cuerpo mutilado de su amiga, los cuerpos de los hombres que mataba… y su padre. Ante todo su padre.

La furia se apoderó de él. Empezó a lanzar todo por los aires. No podía controlarse. Cogió un retrato de su padre y lo hizo pedazos contra un muro. Estaba a punto de estallar. No se daba cuenta de que los pedazos de las cosas que rompía no tocaban el suelo… si no que se movían a su alrededor impulsados por una corriente de aire. Empezaba a tener cortes en los brazos por culpa de este viento que había invadido su casa. Se estaba volviendo loco.

Gritó.

Las ventanas estallaron. Los pedazos salieron volando a la calle seguidos de un viento huracanado que invadió las calles de la ciudad. La gente salió despavorida en busca de refugio. Los que no lo conseguían salían volando. Alrededor de la ciudad se formó un violento tifón.

El viento llegó más allá de la ciudad, incluso a los caminos circundantes, donde una figura en capa con capucha negra y ojos morados paró en seco y dirigió su mirada hacia el antinatural huracán que se había formado de la nada.
Draco caminaba decididamente en dirección al muelle que era la base de la mafia de su padre. Cada paso que daba enviaba el agua de los charcos volando metros de distancia. Cuando llegó a las puertas blindadas del muelle no tuvo ni que hacer esfuerzo. Mandó una onda de viento que las derribó, desencajó y envió volando hacia dentro aplastando a varios matones que estaban detrás. Al verlo, los demás le atacaron, pero cuando se acercaban recibían profundos cortes del viento que le rodeaba. Cuando llegó al centro del muelle se paró, y miró a su padre, que estaba en una pasarela superior. Quizá esperaba ver algo en él. Quizá aún tenía esperanza de que fuera su padre y no su amo.

Su padre sacó entonces un revólver, un ingenio mortal reciente capaz de disparar unas balas que atravesaban a la gente, y le apuntó con ella.

Draco cerró los ojos. Su padre apretó el gatillo.

Con el ruido del disparo Draco volvió a abrir los ojos, pero esta vez brillaban con un fulgor verde que denotaba su voluntad, la de acabar con ellos allí mismo, la de acabar con todo. Giró sobre sí mismo y creó un tornado dentro del muelle que empezó a engullir a todo y a todos los que allí había. La madera se resquebrajaba, las personas salían volando por los aires rompiendo techos y ventanas. Nada sobreviviría allí. Donde antes había un enorme muelle ahora no había más que madera y astillas. Hasta las vigas de hierro volaban a toda velocidad destrozando lo que encontraban en su camino, incluido su padre.

Unas luces moradas estallaron muy cerca de él, desviadas por el viento. Buscando la fuente vio una figura negra que flotaba por encima del agua a toda velocidad contra él. Reunió viento alrededor de sus brazos y paró el ataque de su espada. Una espada bastarda plateada con marcas negras. Repelió a su atacante y le lanzó el viento que tenía en sus brazos, buscando cortarle o atravesarle. Su agresor era muy rápido, y parecía tener control sobre el viento también, aunque en menor medida. Evitaba los cortes y contraatacaba. Nunca nadie le había costado tanto.

Uno de sus ataques dio de lleno en su objetivo, pero sólo cortó la capa negra que le cubría que quedó hecha jirones. La figura, que parecía un hombre, había retrocedido. Sin la capa negra pudo por fin verle. Tendría su misma edad, pelo azabache entre corto y medio largo, despeinado, y unos ojos de un fulgor morado de una intensidad casi tan fuerte como el suyo. Sobre sus ropas oscuras llevaba una gabardina blanca, que hacía parecer que perteneciera a algún tipo de grupo u orden. Parecía poderoso, y bajo control, no como él, que realmente no sabía cómo hacía lo que hacía. Pero daba igual, estaba a punto de cambiar de vida, estaba escapando de su yugo. No le iban a frenar ahora. Nadie.

Su atacante cruzó sus brazos frente a él, formando como un sello, y al moverlos aparecieron un par de luces moradas a su alrededor. No sabía qué eran pero no iba a permitirle continuar. Se lanzó contra él con todo lo que tenía. Intercambiaron golpes, cortes y sangre. Pero Draco era más diestro en la lucha. Terminó por clavarle una de sus manos en el estómago. Ya era suyo.

Su atacante entonces le agarró el brazo con la mano izquierda para que no se soltara, y con la derecha terminó de trazar el sello. Las luces moradas los rodearon y formaron un círculo a su alrededor. La realidad parecía disiparse y todo se volvía borroso. Y negro. Cuando volvió a recuperar el equilibrio estaba dentro de una sala herméticamente cerrada, rodeado de gente armada apuntándole con sus espadas a la garganta. Aquél que le había atacado estaba en el suelo sangrando por la herida… a la que una chica estaba induciendo una luz verde, cálida, que estaba increíblemente curándole la herida. Sobreviviría.

Las fuerzas que tenía antes habían desaparecido. No podía hacer nada de aire y se sentía como exhausto.

- Has gastado excesivo poder mágico – le dijo uno de los hombres que allí se encontraba, de pelo y ojos blancos.- ¿Podemos conocer tu nombre?
- Me llamo Draco.
- Draco, Drax…Tu nuevo nombre será Edrax, si estás conforme.
- ¿Edrax? ¿Qué es todo esto? ¿Dónde estoy?
- Esto es tu nueva vida Edrax. Tardarás en acostumbrarte, pero tienes edad para adaptarte. Esto es una ciudad de gente como tú y como él. Como todos nosotros. No todas las personas son capaces de usar magia, pero tú tienes un talento excepcional. Muy pocos despiertan como tú hiciste o como hiciera Fox en su momento. Pero aparte tú tenías cierto control sobre ello. Sumamente interesante.
- No entiendo nada de lo que me estás diciendo. ¿Dónde estoy?
- Lo entenderás con tiempo. Aquí en tu nueva casa. En Val’hal.

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