Aún persistían zonas donde la gente
paseaba y hacía su vida, pues al fin y al cabo, esa ciudad era su hogar. Había
un bar, diferente de las tabernas habituales, que le gustaba visitar cuando
pasaba. El dueño ya era amigo y le daba información, aún a costa de que se
enteraran las mafias y le cortaran la cabeza. Iba gente a tocar música con
instrumentos como guitarras y tambores. Sonaba muy bien, y le relajaba. Durante
un rato dejaba de ser Fox, el Ein’her de la sombra y era simplemente Drake, un
ciudadano más disfrutando de una cerveza y un poco de música.
Como era costumbre, la fuente de esa
energía reaparecía casualmente pero no era capaz de localizarla, ni tampoco le
importaba mucho, no parecía peligrosa, por lo que los ciudadanos estarían
seguros. Ya mandaría un grupo a vigilar la ciudad. Tenía una nueva recluta, una
semi-elfa, sería una buena primera toma de contacto con las labores de la
orden.
Era la hora de volver a Val’hal y dar el
reporte. Querrían saber por qué había vuelto a desaparecer. Solía hacerlo así
que ya estaban acostumbrados pero aun así tendría que dar explicaciones. No le
importaba mucho tampoco. Era su familia ahora y haría lo que tuviera que hacer.
Poco después de salir de la ciudad lo
volvió a notar. Pero esta vez no era tan débil, y lo que es más, seguía
creciendo. Fue como una explosión de energía. Alrededor de la ciudad empezó a
formarse un huracán cuyo viento llegó hasta él, que ya andaba algo lejos. El
viento iba cargado de furia, resentimiento y… de alguna manera notaba en él una
fuerza de voluntad inquebrantable. Esos sentimientos… esa manera de aparecer…
no había duda, se repetía su historia.
Era un despertar.
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