viernes, 8 de junio de 2012

Darkness 0 - Prólogo

Era extraño. Había sentido una fuente de energía repetidas veces en esa ciudad pero cuando pasaba por allí no sentía nada. Era como si se ocultara, o como si quién fuera no supiera controlarlo. Tampoco era muy importante así que siempre acababa por irse y volvía cuando reincidía. Además, no le gustaba Metrópoli, una ciudad basada en acumular para sí todos los adelantos tecnológicos en todos los campos. Fue una ciudad próspera e interesante pero por poco tiempo. La gente se organizaba para pretender tener el poder sobre los demás. El alcalde fue asesinado y desde entonces las mafias se disputaban los territorios. Los edificios, extremadamente altos, construidos con hierro y cristal, estaban ahora en ruinas, y en ellos se refugiaban aquellos que no tenían otro lugar dónde ir. Las zonas en las que esas moles aún seguían en buen estado eran en las que vivían los diferentes miembros de estos grupos.

Aún persistían zonas donde la gente paseaba y hacía su vida, pues al fin y al cabo, esa ciudad era su hogar. Había un bar, diferente de las tabernas habituales, que le gustaba visitar cuando pasaba. El dueño ya era amigo y le daba información, aún a costa de que se enteraran las mafias y le cortaran la cabeza. Iba gente a tocar música con instrumentos como guitarras y tambores. Sonaba muy bien, y le relajaba. Durante un rato dejaba de ser Fox, el Ein’her de la sombra y era simplemente Drake, un ciudadano más disfrutando de una cerveza y un poco de música.

Como era costumbre, la fuente de esa energía reaparecía casualmente pero no era capaz de localizarla, ni tampoco le importaba mucho, no parecía peligrosa, por lo que los ciudadanos estarían seguros. Ya mandaría un grupo a vigilar la ciudad. Tenía una nueva recluta, una semi-elfa, sería una buena primera toma de contacto con las labores de la orden.

Era la hora de volver a Val’hal y dar el reporte. Querrían saber por qué había vuelto a desaparecer. Solía hacerlo así que ya estaban acostumbrados pero aun así tendría que dar explicaciones. No le importaba mucho tampoco. Era su familia ahora y haría lo que tuviera que hacer.

Poco después de salir de la ciudad lo volvió a notar. Pero esta vez no era tan débil, y lo que es más, seguía creciendo. Fue como una explosión de energía. Alrededor de la ciudad empezó a formarse un huracán cuyo viento llegó hasta él, que ya andaba algo lejos. El viento iba cargado de furia, resentimiento y… de alguna manera notaba en él una fuerza de voluntad inquebrantable. Esos sentimientos… esa manera de aparecer… no había duda, se repetía su historia.

Era un despertar.

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