sábado, 23 de junio de 2012

Capítulo 1 – Eridia


Era raro incluso para ella.

Lya, una semi-elfa exiliada hacía ya años de su pueblo por dar señales de magia oscura, no sólo tenía que ingeniárselas para sobrevivir, robando y engañando, en un mundo en el que no era aceptada en ningún lugar, si no que de alguna manera tuvo que acabar en Metrópoli, la peor ciudad de toda Eridia, robar a alguien que no sabía que pertenecía a una mafia, y verse envuelta en una pelea entre esa misma mafia y un par de algo parecido a bardos que se negaban a pagarles, sino que encima, como uno pudo huir por su cuenta y por ciertas habilidades que parecía poseer sobre la tierra para crear paredes, ahora tenía de compañero de viajes a uno de esos bardos, guitarrista según él. Un humano llamado Jhonny, de media estatura, cabello medio largo y barba sin afeitar negras, gafas “de espejo”, y un extraño artilugio. Una especie de laúd, al que él llamaba “guitarra”, largo y de forma rara, y que escondía una hoja afilada en uno de sus lados, por lo que podía utilizarse como una especie de hacha en caso de necesidad. Además parecía tener cierto poder sobre electricidad.

No era suficiente tener magia de sombras en su interior son haberla pedido ni no poder volver a su hogar no…

- ¡¡Booooooorn to be wiiiiild!!

La gustaba el sonido del instrumento, incluso Jhonny cantaba bien, pero…

- ¿Tienes que cantar cada media hora? ¿En mitad del camino? ¿Cuándo comemos? ¿¡Siempre!? - Uno tiene que ensayar para mantener el talento.

No era suficiente no…

Lya vestía siempre de negro para camuflarse en la oscuridad. Sus ojos claros, su estatura media coarta y sus orejas más o menos picudas la delataban en seguida como semi-elfa, pero las intentaba disimular con el pelo, negro azabache con algunos mechones blancos. Todos estos rasgos los tapaba con una capucha negra que sólo le dejaba a la vista la boca y parte de los ojos, haciéndola parecer humana a ojos de cualquiera.

Jhonny iba con pantalones camiseta y chaqueta anchas, bastante guarras. Tendría que proveerle de ropas nuevas, aunque fueran las de un aventurero cualquiera.

Salieron de Metrópoli a toda prisa por lo que no se fijaron en el camino, pero por lo visto se dirigían al oeste. Y en efecto a los pocos días de camino, y de robar a un par de aventureros, benditos sean por llevar tanto oro en los bolsillos y por dejarle ropa a Jhonny, acabaron en el Cuartel de la Bahía, un antiguo castillo cuartel que ahora servía de hospedaje y punto de reunión a pobres y aventureros por igual. No estaría mal dormir bajo techo por una vez, y buscar algo de trabajo honrado para variar.

Tan pronto como comieron algo y Jhonny se ganó las monedas con las que pagar ambos alojamientos con su música (era útil, todo había que reconocerlo) Lya reunió información de la zona y de posibles trabajos. Por lo visto había una caverna, no muy lejos de allí, en la que habían muerto ya unos pocos aventureros. Ofrecían una buena recompensa por averiguar lo que allí pasaba, o llevar la cabeza de lo que lo estuviera causando.

Descansaron durante esa noche y por la mañana se dispusieron a partir. Tan pronto como salían por la puerta llegó un mensajero.

- Disculpe Capitán, entrega urgente desde Puerto del Rey.
- ¿Puede saberse de que se trata Capitán? – le preguntó Lya sin tapujos.
- Por lo visto la última partida de aventureros a las cavernas tampoco ha vuelto a dar señales de vida. Se ha doblado la recompensa por esa misión.
- Perfecto.
- No soy quién para parar a nadie pero creo que deberíais reconsiderarlo, algo no anda bien ahí dentro.
- No se preocupe Capitán. No moriremos.
- No digo que me preocupe – dicho esto entró en el cuartel para anunciar el mensaje a los demás.
- ¿Todavía quieres ir Lya?
- ¿Por el doble de la recompensa? Por supuesto.

Dicho esto se pusieron en marcha, y llegaron a su destino sobre el mediodía. Todo parecía normal, excepto por los cuerpos de los aventureros muertos en los suelos… algunos de ellos bastante chamuscados.

Cuando se acercaron a la entrada de la cueva, con suma cautela, pudieron escuchar unas risillas agudas e histéricas, irreconocibles para ninguno de los dos. Eridia estaba poblada por todo tipo de criaturas, pero ninguna se reía así… ¡de hecho se estaba riendo que era la raro!

Una bola de fuego estuvo a punto de impactar de lleno contra Lya, que ante la posibilidad de que llegara un segundo salió disparada lejos de la cueva, donde Jhonny la esperaba.

- ¿Qué ha pasado?
- No lo se. ¿Hay alguna criatura conocida que se ría peor que una hiena famélica y lance bolas de fuego?
- ¿Un dragón con esquizofrenia?
- ¡Cállate!

Un segundo bolazo impacto cerca de su posición. Cuando miraron a la cueva se quedaron de piedra. Lo que les atacaba no era nada que hubieran podido imaginar. Era como un gnomo, pero rojo, desnudo, asexuado, con cuernos, pequeñas alas y unos dientes afilados que mostraba en una amplia sonrisa mientras se reía de aquella espeluznante forma.

Detrás de él salió otra bola que impactó contra un árbol cercano, prendiéndolo al instante.

- Hay más de uno – puntualizó Jhonny
- ¿No me digas?
- ¿Qué hacemos? – otra bola estuvo a escasa distancia de impactar en el árbol tras el que se resguardaban
- Correr. Ya volveremos

///////

El capitán se reía de la descripción que le dieron, y el resto de aventureros pensaban que estaban delirando, por lo que no recibirían ayuda para aquello. Era arriesgar sus vidas de verdad, no una misión tonta más. Había que pensárselo con calma.

Mientras Jhonny tocaba, dos aventureros nuevos se acercaron a la mesa donde estaba Lya.

- Perdona pero estamos interesados en tu descripción de lo sucedido.
- ¿Y por qué me debería importar? –Cuando se giró para mirarlos casi se muere del susto. Uno de ellos debía medir más de dos metros, y aunque iban tapados con capas de viaje se adivinaba perfectamente que su fuerza era proporcional a su estatura. Si no fuera imposible hubiera jurado que era un semigigante. El que hablaba era su compañero, humano de alta estatura y de voz extrañamente agradable.
- Estamos interesados en investigar esa cueva, y sabemos que tú ya has estado allí.
- Nadie cree lo que digo. Para ser sinceros ni yo misma se si creerlo.
- Nosotros te creemos. Esas criaturas se llaman diablillos. No son los primeros que veríamos.

Lya se quedó con el trozo de pan en la boca por un momento. Luego tragó despacio y pasó a preguntar ella.

- ¿Me estás intentando decir que eso que hemos visto eran demonios?
- De nivel ínfimo, pero sí. Suelen ir en grupos, y tienen poder mágico. No seréis capaces de derrotarlos. Sería mejor que desistierais y nos los dejarais…
- No estoy segura de haberlo entendido bien- le contestó Lya desde su espalda, donde se había colocado con un paso de sombras en menos que dura un parpadeo, y apuntándole con una daga larga a la nuca.- ¿Me estás intentando quitar el trabajo?
- De hecho ya no- decía el hombre mientras, con toda la tranquilidad del mundo, y ante la vista anonadada de todos los presentes, se levantaba y giraba para mirarla a los ojos.- Queremos ir con vosotros. Los cuatro juntos será más fácil, ¿no crees?
- Mmmh. De acuerdo. Doblaron la recompensa así que acabaremos cobrando lo mismo que al principio. Mañana partiremos al alba- dijo mientras volvía a guardar la daga.
- Perfecto. Por cierto no sabemos vuestros nombres.
- Nosotros tampoco los vuestros.
- Tienes razón, lo siento. Soy Mathew y mi compañero es Dregar.
- Soy Lya y él es Jhonny. Nos vemos al alba.
- De acuerdo. Descansad bien.

/////

Cuando se levantaron al día siguiente los dos extraños ya no estaban.

- ¡Maldita sea, se han ido sin nosotros! ¡Van a por la recompensa ellos solos! ¡Vámonos!
- Ya va ya va….

Salieron corriendo dirección a la cueva. Cuando llegaron su interior estaba iluminado, pero en vez de por fuego, por unos orbes de luz blanca que flotaban a media altura dentro de la cueva. Había algún diablillo muerto en el suelo, pero parecían estar disolviéndose en sombras.

- ¿Seguro que quieres seguir Lya? A mí esto me da mal rollo
- Si. Esos dos no eran personas normales. Quiero saber quiénes son, y qué son estas cosas.

Se adentraron por la cueva, bajando por curvas a un nivel inferior que se iba ensanchando poco a poco, hasta dar a una bóveda enorme… que parecía construida a propósito. Había barrotes en diversos huecos en la pared como si fuera una cárcel. Al fondo del todo podían apreciar una reja que cubría  todo el ancho de la bóveda.

- ¿Qué demonios guardaban aquí?

Se escucho un rugido ensordecedor, y un rayo cruzó la habitación, rozándoles.

- Me están rozando muchas cosas últimamente y ninguna de ellas buena – comentó Jhonny en tono jocoso

Lya desenfundó sus dos dagas, una larga y una normal, y avanzó. Jhonny asió su guitarra y la siguió a distancia.

Lo que se encontraron era más de lo que podían imaginar. Una bestia que a cuatro patas era como el doble de grande que Dregar, que estaba delante de él asiendo un hacha a dos manos descomunal casi tan grande como él. Mathew estaba  a otro lado del monstruo, como rodeándole. La bestia era muy musculada, disponía de unas garras enormes, cuernos grandes como enanos, y una cola cubierta de pelos afilados como cuchillas. Parecía disponer de cierto grado de inteligencia, y parecía que el rayo de antes lo había causado él, lo que daba bastante miedo.

Jhonny empezó entonces a tocar. La canción energizó a Lya y a los dos extraños, que le miraron extrañados, sorprendidos de que los hubieran seguido. Lya no se lo pensó y con esa fuerza aumentada saltó hasta situarse justo encima del cuello del monstruo. Pero tampoco era lento. Movió la cabeza de tal manera que paró la daga con un cuerno, y continuó el movimiento con su fuerza descomunal hasta lanzar a Lya volando contra un muro.

- Si puedes, en vez de potenciarnos, calma al behemot- le pidió Mathew.
- ¿Al qué?
- Al bicho.
- Lo intentaré.

Cambió de canción a una más suave y pareció que el behemot se tranquilizaba un poco, momento que aprovechó Dregar. Lanzó un hachazo contra el suelo, y una púa de tierra se alzó justo debajo del vientre del monstruo. Éste se apartó un poco, pero no pudo evitar que la púa le arrancara un brazo. Sin equilibrio, moviendo la cola empezó a lanzar rayos a sus enemigos, pero una barrera impidió que los alcanzara. Mathew, con el brazo alzado y la palma de la mano abierta creaba una especie de escudo luminoso que no permitía que la magia les impactara. Con un movimiento de muñeca el siguiente rayo en vez de pararlo se lo devolvió a su dueño, al que impactó en plena cara, aturdiéndole. Lya entonces apareció entre las sombras justo debajo de su garganta, y la rajó con sus dos armas, haciéndole caer definitivamente. Una vez en el suelo, muerto, empezó a disolverse él también.

- ¿Qué demonios era eso? – preguntó Lya.
- Exactamente eso, un demonio. Una bestia demoníaca para ser más exactos. Esto es una antigua prisión que usaban un grupo de magos oscuros para contener las bestias que invocaban. Pero invocaron demasiadas y se rebelaron, tomando control de todo el sitio.
- Espera, espera, vas demasiado rápido. Demonios, magos…
- Tu misma eres capaz de utilizar magia. Tu compañero también, y bastante rara además. ¿Por qué te cuesta tanto creerlo?
- No es que no me lo crea, pero es mucho de golpe.
- Por cierto luchas bien. Tienes cierto potencial. Quizá deberías…
- Tenemos que irnos – dijo de repente Dregar, cuya voz quebrada asustaba un poco.- Esto está a punto de derrumbarse.

Ciertamente, cuando salían empezó a caérseles todo y a punto estuvieron de no contarlo.

- Buf por los pelos.
- ¿Quiénes sois vosotros?

La nueva voz tenía un pequeño eco grave que la hacía claramente inhumana. Al mirar hacia él vieron un hombre, pero igual que los diablillos pequeños, con un tono de piel rojo oscuro y cuernos. No tenía alas, pero su pelo negro largo no era capaz de tapar el rojo intenso de sus ojos.

- Terrax… - dijo Mathew

Ante esta palabra Dregar se lanzó contra el invitado con el que intercambió varios golpes. Mathew se volvió hacia Lya y Jhonny.

- Iros. Iros lo más lejos de aquí posible.
- ¿Por qué? Podemos luchar y ayudar…
- No contra él. Es un demonio mayor, y no parece uno cualquiera. Iros, no seremos capaces de protegeros durante la pelea.
- ¿Pero podréis vosotros solos?
- La verdad es que no lo sé. Vosotros poneros a salvo. Id al pueblo más cercano, no volváis al cuartel.
- ¿Y vosotros?
- Si sobrevivimos volveremos a casa. Iros rápido.
- ¡No! ¡Podemos luchar!

Lya se lanzó contra el nuevo enemigo. Certeramente fue capaz de hacerle retroceder con sus ataques, intercalándolos con los de Dregar. Una cuchillada alcanzó el costado del demonio, que se retiró de un salto hacia atrás.

- ¡Aaaah!
- No puede ser que le duela tanto eso…
- Jajajajajaj, Era broma.

Se irguió y se vio como la herida se curaba sola. Lya se quedó petrificada. El demonio aprovechó y con un simple movimiento la lanzó un bolazo de fuego que al explotar la mandó volando contra la pared de la cueva, inconsciente.

- Jhonny, cógela y llévatela de aquí.
- De acuerdo.

De inmediato la cogió en hombros y salió corriendo hacia el norte. Una bola de fuego iba en su dirección, pero una espada se interpuso en su camino. Una espada larga y fina,blanca con la propia luz, que había salido de la nada en manos de Mathew.

- Vamos a tener una pequeña conversación, demonio.
- ¿Tenemos nombre lo sabías? El mío es Vixent.

//////

Cuando Lya recobró el conocimiento estaba en la habitación de una posada, con Jhonny dormido en una silla al lado de su cama. Al levantarse comprobó que la dolía todo el cuerpo, tenía un chichón en la cabeza, y parte del brazo izquierdo la dolía aún por la quemazón.

- ¿Quiénes eran esos dos? ¿Qué es todo lo que está pasando?

Jhonny, que justo se había despertado, la contestó como pudo entre bostezos.

- Llevabas dos días inconsciente, ya me estaba empezando a preocupar. Ayer me pasé todo el día investigando en libros y hablando con la gente de la taberna.
- ¿Qué has averiguado?
- Nadie sabía nada, pero en uno de los libros había algo interesante. Algo sobre una profecía sobre demonios y magos.
-¿Y?
- Nada, sólo venía la profecía. Pero un viejo en la taberna contestó antes esa pista. Me habló sobre magos que viven en una ciudad a la que no se puede llegar a no ser que ya hayas estado allí.
- ¿Y cómo llegas?
- Te tienen que llevar.
- Genial. ¿Y qué hacemos? ¿Pedir un billete?
- Si los del otro día eran de allí, seguramente nos los encontremos si nos metemos en algún lío semejante.
- Déjame descansar unos meses y buscamos todo el lío que quieras.
- El nombre de la ciudad a lo mejor te suena, el libro en el que venía trataba sobre alfar.
- … - Lya se incorporó de nuevo y le inquirió con la mirada.
- Se llama Val’hal.

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