Era raro incluso para ella.
Lya, una semi-elfa exiliada hacía ya años
de su pueblo por dar señales de magia oscura, no sólo tenía que ingeniárselas
para sobrevivir, robando y engañando, en un mundo en el que no era aceptada en
ningún lugar, si no que de alguna manera tuvo que acabar en Metrópoli, la peor
ciudad de toda Eridia, robar a alguien que no sabía que pertenecía a una mafia,
y verse envuelta en una pelea entre esa misma mafia y un par de algo parecido a
bardos que se negaban a pagarles, sino que encima, como uno pudo huir por su
cuenta y por ciertas habilidades que parecía poseer sobre la tierra para crear
paredes, ahora tenía de compañero de viajes a uno de esos bardos, guitarrista
según él. Un humano llamado Jhonny, de media estatura, cabello medio largo y
barba sin afeitar negras, gafas “de espejo”, y un extraño artilugio. Una
especie de laúd, al que él llamaba “guitarra”, largo y de forma rara, y que
escondía una hoja afilada en uno de sus lados, por lo que podía utilizarse como
una especie de hacha en caso de necesidad. Además parecía tener cierto poder
sobre electricidad.
No era suficiente tener magia de sombras
en su interior son haberla pedido ni no poder volver a su hogar no…
- ¡¡Booooooorn to be wiiiiild!!
La gustaba el sonido del instrumento,
incluso Jhonny cantaba bien, pero…
- ¿Tienes que cantar cada media hora? ¿En
mitad del camino? ¿Cuándo comemos? ¿¡Siempre!? - Uno tiene que ensayar para
mantener el talento.
No era suficiente no…
Lya vestía siempre de negro para
camuflarse en la oscuridad. Sus ojos claros, su estatura media coarta y sus
orejas más o menos picudas la delataban en seguida como semi-elfa, pero las
intentaba disimular con el pelo, negro azabache con algunos mechones blancos.
Todos estos rasgos los tapaba con una capucha negra que sólo le dejaba a la
vista la boca y parte de los ojos, haciéndola parecer humana a ojos de
cualquiera.
Jhonny iba con pantalones camiseta y
chaqueta anchas, bastante guarras. Tendría que proveerle de ropas nuevas,
aunque fueran las de un aventurero cualquiera.
Salieron de Metrópoli a toda prisa por lo
que no se fijaron en el camino, pero por lo visto se dirigían al oeste. Y en
efecto a los pocos días de camino, y de robar a un par de aventureros, benditos
sean por llevar tanto oro en los bolsillos y por dejarle ropa a Jhonny,
acabaron en el Cuartel de la Bahía, un antiguo castillo cuartel que ahora
servía de hospedaje y punto de reunión a pobres y aventureros por igual. No
estaría mal dormir bajo techo por una vez, y buscar algo de trabajo honrado
para variar.
Tan pronto como comieron algo y Jhonny se
ganó las monedas con las que pagar ambos alojamientos con su música (era útil,
todo había que reconocerlo) Lya reunió información de la zona y de posibles
trabajos. Por lo visto había una caverna, no muy lejos de allí, en la que
habían muerto ya unos pocos aventureros. Ofrecían una buena recompensa por
averiguar lo que allí pasaba, o llevar la cabeza de lo que lo estuviera
causando.
Descansaron durante esa noche y por la
mañana se dispusieron a partir. Tan pronto como salían por la puerta llegó un
mensajero.
- Disculpe Capitán, entrega urgente desde
Puerto del Rey.
- ¿Puede saberse de que se trata Capitán?
– le preguntó Lya sin tapujos.
- Por lo visto la última partida de aventureros
a las cavernas tampoco ha vuelto a dar señales de vida. Se ha doblado la
recompensa por esa misión.
- Perfecto.
- No soy quién para parar a nadie pero
creo que deberíais reconsiderarlo, algo no anda bien ahí dentro.
- No se preocupe Capitán. No moriremos.
- No digo que me preocupe – dicho esto
entró en el cuartel para anunciar el mensaje a los demás.
- ¿Todavía quieres ir Lya?
- ¿Por el doble de la recompensa? Por
supuesto.
Dicho esto se pusieron en marcha, y
llegaron a su destino sobre el mediodía. Todo parecía normal, excepto por los
cuerpos de los aventureros muertos en los suelos… algunos de ellos bastante
chamuscados.
Cuando se acercaron a la entrada de la
cueva, con suma cautela, pudieron escuchar unas risillas agudas e histéricas,
irreconocibles para ninguno de los dos. Eridia estaba poblada por todo tipo de
criaturas, pero ninguna se reía así… ¡de hecho se estaba riendo que era la
raro!
Una bola de fuego estuvo a punto de
impactar de lleno contra Lya, que ante la posibilidad de que llegara un segundo
salió disparada lejos de la cueva, donde Jhonny la esperaba.
- ¿Qué ha pasado?
- No lo se. ¿Hay alguna criatura conocida
que se ría peor que una hiena famélica y lance bolas de fuego?
- ¿Un dragón con esquizofrenia?
- ¡Cállate!
Un segundo bolazo impacto cerca de su
posición. Cuando miraron a la cueva se quedaron de piedra. Lo que les atacaba
no era nada que hubieran podido imaginar. Era como un gnomo, pero rojo,
desnudo, asexuado, con cuernos, pequeñas alas y unos dientes afilados que
mostraba en una amplia sonrisa mientras se reía de aquella espeluznante forma.
Detrás de él salió otra bola que impactó
contra un árbol cercano, prendiéndolo al instante.
- Hay más de uno – puntualizó Jhonny
- ¿No me digas?
- ¿Qué hacemos? – otra bola estuvo a escasa
distancia de impactar en el árbol tras el que se resguardaban
- Correr. Ya volveremos
///////
El capitán se reía de la descripción que
le dieron, y el resto de aventureros pensaban que estaban delirando, por lo que
no recibirían ayuda para aquello. Era arriesgar sus vidas de verdad, no una
misión tonta más. Había que pensárselo con calma.
Mientras Jhonny tocaba, dos aventureros
nuevos se acercaron a la mesa donde estaba Lya.
- Perdona pero estamos interesados en tu
descripción de lo sucedido.
- ¿Y por qué me debería importar? –Cuando
se giró para mirarlos casi se muere del susto. Uno de ellos debía medir más de
dos metros, y aunque iban tapados con capas de viaje se adivinaba perfectamente
que su fuerza era proporcional a su estatura. Si no fuera imposible hubiera
jurado que era un semigigante. El que hablaba era su compañero, humano de alta
estatura y de voz extrañamente agradable.
- Estamos interesados en investigar esa
cueva, y sabemos que tú ya has estado allí.
- Nadie cree lo que digo. Para ser sinceros
ni yo misma se si creerlo.
- Nosotros te creemos. Esas criaturas se
llaman diablillos. No son los primeros que veríamos.
Lya se quedó con el trozo de pan en la
boca por un momento. Luego tragó despacio y pasó a preguntar ella.
- ¿Me estás intentando decir que eso que
hemos visto eran demonios?
- De nivel ínfimo, pero sí. Suelen ir en
grupos, y tienen poder mágico. No seréis capaces de derrotarlos. Sería mejor
que desistierais y nos los dejarais…
- No estoy segura de haberlo entendido
bien- le contestó Lya desde su espalda, donde se había colocado con un paso de
sombras en menos que dura un parpadeo, y apuntándole con una daga larga a la
nuca.- ¿Me estás intentando quitar el trabajo?
- De hecho ya no- decía el hombre
mientras, con toda la tranquilidad del mundo, y ante la vista anonadada de
todos los presentes, se levantaba y giraba para mirarla a los ojos.- Queremos
ir con vosotros. Los cuatro juntos será más fácil, ¿no crees?
- Mmmh. De acuerdo. Doblaron la
recompensa así que acabaremos cobrando lo mismo que al principio. Mañana
partiremos al alba- dijo mientras volvía a guardar la daga.
- Perfecto. Por cierto no sabemos
vuestros nombres.
- Nosotros tampoco los vuestros.
- Tienes razón, lo siento. Soy Mathew y
mi compañero es Dregar.
- Soy Lya y él es Jhonny. Nos vemos al
alba.
- De acuerdo. Descansad bien.
/////
Cuando se levantaron al día siguiente los
dos extraños ya no estaban.
- ¡Maldita sea, se han ido sin nosotros!
¡Van a por la recompensa ellos solos! ¡Vámonos!
- Ya va ya va….
Salieron corriendo dirección a la cueva.
Cuando llegaron su interior estaba iluminado, pero en vez de por fuego, por
unos orbes de luz blanca que flotaban a media altura dentro de la cueva. Había
algún diablillo muerto en el suelo, pero parecían estar disolviéndose en
sombras.
- ¿Seguro que quieres seguir Lya? A mí
esto me da mal rollo
- Si. Esos dos no eran personas normales.
Quiero saber quiénes son, y qué son estas cosas.
Se adentraron por la cueva, bajando por
curvas a un nivel inferior que se iba ensanchando poco a poco, hasta dar a una
bóveda enorme… que parecía construida a propósito. Había barrotes en diversos
huecos en la pared como si fuera una cárcel. Al fondo del todo podían apreciar
una reja que cubría todo el ancho de la
bóveda.
- ¿Qué demonios guardaban aquí?
Se escucho un rugido ensordecedor, y un
rayo cruzó la habitación, rozándoles.
- Me están rozando muchas cosas
últimamente y ninguna de ellas buena – comentó Jhonny en tono jocoso
Lya desenfundó sus dos dagas, una larga y
una normal, y avanzó. Jhonny asió su guitarra y la siguió a distancia.
Lo que se encontraron era más de lo que
podían imaginar. Una bestia que a cuatro patas era como el doble de grande que Dregar,
que estaba delante de él asiendo un hacha a dos manos descomunal casi tan grande
como él. Mathew estaba a otro lado del
monstruo, como rodeándole. La bestia era muy musculada, disponía de unas garras
enormes, cuernos grandes como enanos, y una cola cubierta de pelos afilados
como cuchillas. Parecía disponer de cierto grado de inteligencia, y parecía que
el rayo de antes lo había causado él, lo que daba bastante miedo.
Jhonny empezó entonces a tocar. La
canción energizó a Lya y a los dos extraños, que le miraron extrañados,
sorprendidos de que los hubieran seguido. Lya no se lo pensó y con esa fuerza
aumentada saltó hasta situarse justo encima del cuello del monstruo. Pero
tampoco era lento. Movió la cabeza de tal manera que paró la daga con un
cuerno, y continuó el movimiento con su fuerza descomunal hasta lanzar a Lya
volando contra un muro.
- Si puedes, en vez de potenciarnos,
calma al behemot- le pidió Mathew.
- ¿Al qué?
- Al bicho.
- Lo intentaré.
Cambió de canción a una más suave y
pareció que el behemot se tranquilizaba un poco, momento que aprovechó Dregar.
Lanzó un hachazo contra el suelo, y una púa de tierra se alzó justo debajo del
vientre del monstruo. Éste se apartó un poco, pero no pudo evitar que la púa le
arrancara un brazo. Sin equilibrio, moviendo la cola empezó a lanzar rayos a
sus enemigos, pero una barrera impidió que los alcanzara. Mathew, con el brazo
alzado y la palma de la mano abierta creaba una especie de escudo luminoso que
no permitía que la magia les impactara. Con un movimiento de muñeca el
siguiente rayo en vez de pararlo se lo devolvió a su dueño, al que impactó en
plena cara, aturdiéndole. Lya entonces apareció entre las sombras justo debajo
de su garganta, y la rajó con sus dos armas, haciéndole caer definitivamente.
Una vez en el suelo, muerto, empezó a disolverse él también.
- ¿Qué demonios era eso? – preguntó Lya.
- Exactamente eso, un demonio. Una bestia
demoníaca para ser más exactos. Esto es una antigua prisión que usaban un grupo
de magos oscuros para contener las bestias que invocaban. Pero invocaron
demasiadas y se rebelaron, tomando control de todo el sitio.
- Espera, espera, vas demasiado rápido.
Demonios, magos…
- Tu misma eres capaz de utilizar magia.
Tu compañero también, y bastante rara además. ¿Por qué te cuesta tanto creerlo?
- No es que no me lo crea, pero es mucho
de golpe.
- Por cierto luchas bien. Tienes cierto
potencial. Quizá deberías…
- Tenemos que irnos – dijo de repente
Dregar, cuya voz quebrada asustaba un poco.- Esto está a punto de derrumbarse.
Ciertamente, cuando salían empezó a
caérseles todo y a punto estuvieron de no contarlo.
- Buf por los pelos.
- ¿Quiénes sois vosotros?
La nueva voz tenía un pequeño eco grave
que la hacía claramente inhumana. Al mirar hacia él vieron un hombre, pero
igual que los diablillos pequeños, con un tono de piel rojo oscuro y cuernos.
No tenía alas, pero su pelo negro largo no era capaz de tapar el rojo intenso
de sus ojos.
- Terrax… - dijo Mathew
Ante esta palabra Dregar se lanzó contra
el invitado con el que intercambió varios golpes. Mathew se volvió hacia Lya y
Jhonny.
- Iros. Iros lo más lejos de aquí
posible.
- ¿Por qué? Podemos luchar y ayudar…
- No contra él. Es un demonio mayor, y no
parece uno cualquiera. Iros, no seremos capaces de protegeros durante la pelea.
- ¿Pero podréis vosotros solos?
- La verdad es que no lo sé. Vosotros poneros
a salvo. Id al pueblo más cercano, no volváis al cuartel.
- ¿Y vosotros?
- Si sobrevivimos volveremos a casa. Iros
rápido.
- ¡No! ¡Podemos luchar!
Lya se lanzó contra el nuevo enemigo.
Certeramente fue capaz de hacerle retroceder con sus ataques, intercalándolos
con los de Dregar. Una cuchillada alcanzó el costado del demonio, que se retiró
de un salto hacia atrás.
- ¡Aaaah!
- No puede ser que le duela tanto eso…
- Jajajajajaj, Era broma.
Se irguió y se vio como la herida se
curaba sola. Lya se quedó petrificada. El demonio aprovechó y con un simple
movimiento la lanzó un bolazo de fuego que al explotar la mandó volando contra
la pared de la cueva, inconsciente.
- Jhonny, cógela y llévatela de aquí.
- De acuerdo.
De inmediato la cogió en hombros y salió
corriendo hacia el norte. Una bola de fuego iba en su dirección, pero una
espada se interpuso en su camino. Una espada larga y fina,blanca con la propia
luz, que había salido de la nada en manos de Mathew.
- Vamos a tener una pequeña conversación,
demonio.
- ¿Tenemos nombre lo sabías? El mío es
Vixent.
//////
Cuando Lya recobró el conocimiento estaba
en la habitación de una posada, con Jhonny dormido en una silla al lado de su
cama. Al levantarse comprobó que la dolía todo el cuerpo, tenía un chichón en
la cabeza, y parte del brazo izquierdo la dolía aún por la quemazón.
- ¿Quiénes eran esos dos? ¿Qué es todo lo
que está pasando?
Jhonny, que justo se había despertado, la
contestó como pudo entre bostezos.
- Llevabas dos días inconsciente, ya me
estaba empezando a preocupar. Ayer me pasé todo el día investigando en libros y
hablando con la gente de la taberna.
- ¿Qué has averiguado?
- Nadie sabía nada, pero en uno de los
libros había algo interesante. Algo sobre una profecía sobre demonios y magos.
-¿Y?
- Nada, sólo venía la profecía. Pero un
viejo en la taberna contestó antes esa pista. Me habló sobre magos que viven en
una ciudad a la que no se puede llegar a no ser que ya hayas estado allí.
- ¿Y cómo llegas?
- Te tienen que llevar.
- Genial. ¿Y qué hacemos? ¿Pedir un
billete?
- Si los del otro día eran de allí,
seguramente nos los encontremos si nos metemos en algún lío semejante.
- Déjame descansar unos meses y buscamos
todo el lío que quieras.
- El nombre de la ciudad a lo mejor te
suena, el libro en el que venía trataba sobre alfar.
- … - Lya se incorporó de nuevo y le
inquirió con la mirada.
- Se llama Val’hal.
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