Bob estaba peleando en una falsa igualdad
de condiciones con Matheus. Sus habilidades de esgrima eran tales que
bloqueaba, esquivaba y atacaba con la misma rapidez y precisión que su
contrincante, y su armadura le protegía de algún pequeño descuido de su parte,
que eran bien pocos. Era tan dura que ni las potentes estocadas de Matheus
dejaban mella
Sin embargo ni sus ataques ni sus llamas
alcanzaban al Ein’her, y tampoco podía protegerse contra ciertas de sus magias,
como prisiones o ataques de luz. Poco a poco le iba ganando terreno que era
incapaz de recuperar.
- ¿No debería estar luchando un Ein’her
contra él?- preguntó Andros.
- Sólo Edrax y Fox son casi tan diestros
con la espada y no hubieran durado tanto. Vuestro líder desde luego es
impresionante- comentó Zoe, concentrada en el combate y preparada para asistir
en caso necesario.
Todos los presentes habían parado de
pelear. Ni siquiera los demonios atacaban a los heridos. Todos estaban
pendientes del resultado de aquella pelea que podía decidir muchas cosas. Sin
embargo todos veían hacia dónde se estaba torciendo la balanza.
Mientras tanto Enki y Nord seguían
tratando a los heridos. Nun, como muchos otros, había caído en el combate, pero
no había tiempo de pararse a arrepentirse por lo que ya sabían que estaban
arriesgando.
- Por cierto, ¿y Edrax? Tampoco se ve a
Ceres ni a Skadi. – preguntó de repente Toto.
- Está allí adelante junto con Alexander –
contestó Blaider con su excepcional vista.
Estaban parados delante del resto que
estaba contemplando el combate, aun algo alejados de la pelea. Las dos hermanas
de luz estaban con ellos. Y también Grondoar que había estado casi desaparecido
en toda la batalla. Fue el encargado de dibujar el símbolo para la recepción de
los teleportados, por lo que estuvo escondido hasta el momento clave.
Zoe se fue hacia los cinco, pero antes de
que pudiera acercarse Edrax se dio la vuelta y la fulminó con una mirada
autoritaria que amedrantaría a cualquiera. Zoe se quedó a medio camino
contrariada.
- ¿Qué…?
Edrax se dio la vuelta antes de que
acabara la pregunta.
- Esto es cosa suya.
- Bob no podrá ganarle, está perdiendo
poco a poco y lo sabes.
- No me refería a Bob.
Antes de que pudiera replicar pareció
como si las llamas del cielo dejaran de brillar. Todo se volvió más oscuro y ya
no se veía nada más allá del castillo. El cielo seguía cubierto de llamas que
iluminaban las caras de los presentes, pero ahora parecían sin fuerza.
- Una zona de sombras. Me preguntaba
cuando aparecerías…
Antes el comentario de Matheus Bob saltó
hacia atrás, dio media vuelta y se apresuró a adentrarse en el grupo a que le
curasen las heridas. Por alguna razón no parecía querer mirar atrás.
Matheus entonces miró a Edrax. Éste le
sostuvo la mirada unos segundos cargados de tensión, y entonces Matheus se dio la
vuelta para encarar a su nuevo oponente.
Se encontraba cerca de la puerta del
castillo. Una figura humana negro azabache irreconocible excepto por sus ojos.
Dos ojos con un fulgor morado que penetraban hasta la mismísima alma de lo que
miraban. Unos ojos que se encontraron con los de Matheus y que sin mediar
palabra le dio a entender que iba a ser a por todas. Que no iba a haber respiro
y que de ahí sólo iba a salir uno.
Las sombras de los alrededores se
revolvieron. El aire circundante se hizo más pesado y parte del suelo tembló.
Fox convocó su espada bastarda negra como
la noche y se lanzó contra Matheus a toda velocidad. Éste bloqueaba sus ataques
con dificultad, pero evitando que ninguno le alcanzara. La velocidad de su
atacante era tal que parecía que su imagen se desdoblara en diferentes copias
que lo atacaban al unísono pero entre su espada, sus protecciones y sus escudos
mágicos evitaba todos y cada uno de sus ataques.
Fox cargó uno de sus ataques con una gran
cantidad de poder mágico y lo desató en el momento de la estocada. Ese
impredecible ataque traspasó las barreras mágicas de Matheus golpeándole de
lleno en el abdomen. Fox a su vez recibió un corte en la cara por tan temeraria
acción.
Saltó hacia atrás, dejando espacio entre
ellos. Matehus no tenía ni un rasguño en el cuerpo. Su gabardina se había
rajado a la altura del abdomen y dejaba ver el brillo de la armadura que portaba.
- Es la primera vez en mucho tiempo que
un ataque me alcanza, mucho más que me hiere.
En la cara tenía también un pequeño corte
como el de Fox, seguramente provocado por la energía desatada en el golpe.
Matheus entonces cambió. Se le borró la
sonrisa de la cara y su mirada se hizo más dura. Empezó a tener un pequeño
brillo blanco a su alrededor. Estaba potenciando su cuerpo con luz.
- Vamos, pongámonos serios. Sé que tú
también puedes hacerlo.
En efecto Fox empezó entonces a brillar
superficialmente de un tono morado, pero sólo en ciertos puntos. Estaba
potenciando las piernas y los brazos, pero no el cuerpo en sí.
Entonces el combate se volvió un huracán.
Un cruce vertiginoso de golpes y estocadas, magias de luz y oscuridad chocando
entre ellas y provocando ondas que llegaban hasta los espectadores, que observaban
asombrados como alguien estaba enfrentando a Matheus en aquellas condiciones.
Zoe fue a preguntar cómo demonios lo
hacía pero al dar un solo paso Edrax giró la cabeza para pararla. No quería que
nadie se acercara. Y los que estaban allí querían saber por qué.
- Has mejorado mucho he de admitir. ¿Cómo
lo haces?
- El odio me da fuerzas.
- ¿Tu odio te da fuerzas?
- No. No sólo el mío.
Matheus entonces se fijó que durante un
segundo un fulgor morado pasaba de la espada a su cuerpo. Entonces aceleró y
casi acaba por ensartarle limpiamente si no llega a saltar hacia un lado.
- ¿Así que estás consumiendo las almas de
tus compañeros caídos para matarme? ¿Qué pensarían ellos?
- Son ellos los que se ofrecen
voluntarios. Todos los que mataste en Alfheim y Val’hal están conmigo en esta
lucha. No enfrentas un Ein’her, enfrentas un ejército, y vas a perder Devon.
Que le nombraran no pareció hacerle mucha
gracia, pues por primera vez frunció el ceño.
Fox se lanzó a por él de nuevo y continuaron
intercambiando golpes.
Todo parecía equilibrado, Matheus atacaba
y Fox contraatacaba, las magias se sucedían. Cortes de energía oscura y de luz,
escudos mágicos y desvanecimientos de sombras.
Un corte marcó el abdomen de Fox desde la
izquierda de la cintura hasta el hombro derecho, salpicando con sangre el suelo
alrededor.
Matehus le había alcanzado de lleno.
Otra vez.
///////
No podía creer lo que estaba viendo.
Todas las calles se encontraban en ruinas. Todas las viviendas en ruinas.
Incluso el impresionante castillo plateado de Val’hal había perdido su brillo y
ahora no era más que la piedra que lo formaba. El portón destruido y el interior
lleno de muertos. Las salas parecían una carnicería, y en todo rincón se observaban
restos de fuego mágico.
Fox subió hasta la sala principal de los
Ein’her jurando aniquilarle. Sabía que había sido él igual que lo fue en
Alfheim, pero esta vez llegaba a tiempo de atraparle, y de matarle.
Entró en la sala principal justo para
verlo.
Un corte ascendente que manchó de sangre
el techo de más de cuatro metros de altura. Los jirones de ropa y los trozos de
la hombrera de acero caían alrededor de la que era el miembro más joven de la
élite de los Ein’her. Con su pelo azul corto por un lado y medio largo por otro
brillando a la luz de la espada de Matheus Zoe caía en el suelo con los ojos
vidriosos de quien muere sin entender el por qué.
Entonces Fox no pudo contenerse y
explotó. Fue como si volviera a su despertar, no entendía que pasaba ni por
qué, pero no le importaba. Sólo le importaba matar a quien estaba atacando. A
aquél monstruo que tenía delante.
Cada choque de espadas hacía retumbar las
piedras de la sala. Algunos incluso provocaron algún pequeño derrumbamiento en
zonas que ya habían sido dañadas con anterioridad.
Fox atacaba con una potencia insólita,
capaz de cortar cualquier cosa por la mitad, pero no era capaz de controlarse.
Un giro de muñeca, un movimiento rápido
de la mano, y un corte ascendente le cruzó el pecho hasta el hombro derecho.
No podía acabar así. No podía acabar así…
///////
Fox consumió otra alma como hiciera ya
seis años atrás. Todo se estaba repitiendo. Seguía atacando de la misma manera
y recibiendo de la misma manera. Parecía que nada hubiera cambiado.
- ¿Ha entrado en cólera? – preguntó Grondoar
a Edrax.
- Ahora mismo no está aquí. Está luchando
en el presente y el pasado al mismo tiempo. Reviviendo cada momento de su
anterior lucha con cada herida. Cada golpe lo traslada al pasado y el siguiente
lo trae al presente de nuevo… Espero que todo vaya según lo planeado…
- ¿Nadie más lo sabe?
- Si lo supieran no estaríamos
intentándolo.
Aisha podía escucharlos perfectamente en
la distancia y le trasladaba sus palabras a Zoe y sus compañeros, que no
entendían nada. Zoe dirgió la vista a Edrax y esperó a que este girara la
cabeza otra vez. Pero en vez de una mirada autoritaria esta vez encontró una
mirada llena de tristeza y pesar.
- ¿Qué es lo que vais a hacer...?
Un crujido les hizo volver su atención a
la pelea.
La mitad de la hoja de la espada bastarda
de Fox volaba lejos de la pelea cercenada por un Matheus que se sabía ya
vencedor.
Pero bajó la guardia.
Fox atacó con lo que le quedaba de
espada. Matehus bloqueó como pudo el ataque, pero se encontró que no era lo
único. Fox impulsó los restos de su arma y lo golpeó en la rodilla con una
pierna para desequilibrar a su despistado enemigo, soltó su arma… y enterró la
mitad de la mano en el estómago de Matheus, rompiendo incluso la armadura que
lo protegía.
Sacó la mano y saltó hacia atrás al mismo
tiempo que Matheus hacía lo propio tapándose la herida con una mano e iniciando
una magia de sanación…
Fox entonces hundió su otra mano en su
propio vientre y entrelazó las dos manos ensangrentadas. Al separarlas con un
movimiento de brazos desperdigó las mezcladas gotas de sangre alrededor… que en
vez de caer quedaron flotando levemente en el aire.
La herida de Matheus no sanaba.
- Sabía que no podría ganarte en un
duelo, pero juré que no descansaría hasta acabar contigo…
Entonces se movieron.
Ceres y Skadi se dirigieron a dos puntas
distintas del campo de pelea, cruzaron sus manos y convocaron poder mágico. Lo
mismo hizo Alexander sin moverse del sitio.
Edrax se giró hacia Zoe y la dijo un “lo
siento” que congeló la sangre de los presentes.
Los demonios, conscientes de que iban a
intentar algo se movieron para atacar, pero Grondoar rechazó la primera oleada
con un muro de pinchos de tierra que ensartó a más de uno.
Entonces una barrera de luz se alzó. Una
barrera que encerraba a los dos combatientes en un círculo alrededor de los que
la formaban.
Una segunda barrera se alzó, aislando a
aquellos que la invocaban del resto del campo de batalla.
Entre las dos barreras se encontraban
sólo Alexander, Ceres y Skadi, triangulando el círculo, y Edrax, al lado de
Alexander, mirando con cara de culpabilidad a sus aliados, y desenvainando su
espada. Alexander entonces se concentró y empezó a infundir magia a la espada
de éste.
Antes de que nadie pudiera siquiera preguntar,
la luminosidad de las barreras quedó eclipsada por la oscuridad que encerraban.
Dentro de éstas se situaba una pesadilla.
Las heridas que cubrían el cuerpo de Fox
empezaron a aparecer en el cuerpo de Matheus. Así mismo las de este aparecieron
en el de Fox.
- ¿Qué magia oscura estás invocando?
¿Piensas debilitarme con tus heridas? No eres rival para mí…
- Nadie ha dicho que te intente
debilitar. Voy a acabar contigo Devon.
La oscuridad cubría toda la zona. Los ojos
de Fox refulgían como nunca… y las dos mitades de su espada brillaban de forma
insólita.
- Todos aquellos que traicionaste y
asesinaste están conmigo para cerciorarse de ello. ¡¡¡Esto ha acabado para
ti!!!
Fox alzó los brazos, y de los restos de
su espada empezaron a salir unas luces moradas en todas direcciones.
- Artema, la invocación de los espíritus
como energía pura para atravesar y destrozar directamente el alma de tu
enemigo. ¿Intentas acabar conmigo sin matar a tu antiguo compañero? No te
saldrá bien…
- Devon… hablemos de derrotas. Unión del
alma…
Fox bajó entonces los brazos y los
zarcillos morados se movieron a toda velocidad, revolviéndose alrededor de los
dos contendientes, hasta que cambiaron de dirección y se dirigieron todos hacia
el mismo punto.
Los ojos de Matheus casi salen de sus
órbitas al entenderlo.
Los gritos de angustia de aquellos que lo
contemplaban no podían ser escuchados por nadie.
Fox sólo miró hacia sus compañeros en
aquél momento, de manera que muchos no le habían visto nunca, esbozando una
sonrisa. Era una sonrisa triste. Pero estaba contento. Por fin cumplía su
cometido. Por fin podría descansar.
Los zarcillos de energía atravesaron a
Fox limpiamente. Éste cayó hacia atrás debido a los impactos que llegaban de
todas direcciones. Todos y cada uno de ellos llegaban a él y atacaban
directamente su alma, matándole con cada impacto. Su cuerpo era disuelto en
sombras a cada segundo, desvaneciéndose poco a poco en las zonas en las que era
alcanzado.
- ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOO!!!
Matehus se encontraba de rodillas, la
espada abandonada en el suelo, y ambas manos palpándose el cuerpo. Cada impacto
que recibía el alma de Fox la recibían también las almas de Devon y de Matheus.
Fox había ligado sus almas a la suya mediante el rito de sangre y planeaba
acabar con ellas acabando consigo mismo.
- ¡¡NOO!! ¡¡NO ACABARÁ ASÍ!!
Una onda de energía saló de su cuerpo
cuando el diablo escapó del cuerpo del Ein’her. Su forma, parecida a un
demonio, era más como un fantasma rojizo.
La berrera luminosa se rompió en pedazos.
Edrax no tardó ni dos segundos en situarse
en el aire delante del diablo, con su espada irradiando una luz con la fuerza
de varios soles. Dio una estocada descendente, que el diablo esquivó flotando
hacia atrás. La espada perdió parte de la luminosidad.
De repente una prisión de luz encerró al
diablo para que no se pudiera mover. Matheus, de rodillas en el suelo y con la
mano levantada había encerrado a su invasor. Edrax se revolvió en el aire y
giró sobre si mismo para lanzar una estocada ascendente que el diablo ya no
podía esquivar.
- Así es como acaba todo entonces, ¿eh?
Os he subestimado, pero he de admitir que ha sido divertido…
Un haz de luz surgió de la espada de
Edrax, atravesando limpiamente al demonio y avanzando hasta más allá del
castillo, disipando incluso las sombras que aún quedaban. La silueta del diablo
se desintegró dentro de la luz.
Cuando Edrax aterrizó en el suelo no se
paró ni un segundo. Miró hacia los demonios supervivientes y avanzó con
decisión.
Éstos ante lo que acababa de suceder
salieron volando o corriendo como si huyeran en su mismísimo infierno. Cuando
todos hubieron desaparecido Edrax hizo desaparecer su espada, y cayó presa del
agotamiento. Tuvo que ir Grondoar a ayudarle a mantenerse.
Miró hacia Matheus y vió que estaba aún
de rodillas. Por lo visto habían conseguido salvarle. Aunque a un precio
terrible.
Lleno de miedo miró entonces al resto de
sus aliados.
Algunos no acababan de creérselo. Otros
lloraban desconsolados.
Bob estaba en la zona de los heridos, con
los ojos cerrados y una lágrima corriéndole la mejilla. Zoe lloraba
desconsolada y gritaba impotente. Todos se miraban entre sí. Nadie era capaz de
decir nada
Habían ganado una batalla de vital
importancia. Habían tomado el Castillo del Amanecer, habían rescatado a Matheus
de las garras del enemigo… pero habían perdido muchos aliados.
El cuerpo de Fox se había perdido
disuelto en sombras. Las almas de aquellos que le acompañaban, libres, se desvanecieron
también, buscando el tan merecido descanso.
Lo único que quedó allí fueron los dos
pedazos de su espada, sin ningún tipo de brillo, y su gabardina negra arruinada,
junto con algunos jirones de ropa.
Matheus se acercó como pudo y recogió la
gabardina. Cayó de rodillas y comenzó él también a llorar.
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