jueves, 10 de mayo de 2012

Hope 18 – Estrategias



Se movían silenciosamente, pero no lo suficiente para escapar del fino oído de los alfar. Habían avanzado poco dentro del bosque y ya los tenían localizados. Un grupo de cuatro demonios exploradores y tres pequeños diablillos intentaban localizar a sus enemigos, pero no se lo iban a permitir.

Las flechas acabaros rápidamente con los objetivos más grandes. Las dagas de los gnomos pícaros despacharon a los pequeñajos.

En el par de semanas que estuvieron preparándose habían aprendido a compenetrarse perfectamente en el campo de batalla. Los humanos se esforzaban día a día y a base de golpes y heridas ya muchos podían considerarse luchadores, al menos principiantes. Los trucos que les enseñaba Toto eran más útiles que el propio manejo de la espada. Habían conseguido algunas armas de fuego y Blaider hizo de varios buenos tiradores. Incluso algunos desarrollaron cierta habilidad con la magia, pero ese era un campo que requería mucho más tiempo.

Cuando fueron a reportar fue cuando todo se disparó.

- Los demonios van en grupos de cuatro normalmente. Si matasteis siete significa que se os escapó uno – les explicó Edrax.

A partir de ese momento todos se prepararon para la inminente batalla. No faltaría mucho para que fueran atacados. Como mucho la semana que estaban de viaje andando. Todos tenían sus tareas y puestos asignados y trabajaban como locos. Dentro de poco se decidirían muchas cosas.

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Edrax tenía claro lo que tenía que hacer, cuál era su papel en esa guerra.

Ayudaba a Bob con las estrategias de combate, aunque tenía tanto talento que realmente casi nunca decía nada, o tenía que reconocer que él mismo se había equivocado en algún movimiento. Pero todo parecía ir a la perfección. Era un plan complicado, y sobre todo arriesgado, pero era lo necesario y tendrían que arriesgarse.

Los magos expertos tenían un papel importante en lo que se avecinaba, pero podía confiar en ellos.

Supervisaba el entrenamiento de los distintos grupos y su evolución.

Y sobre todo supervisaba a Alexander. Su entrenamiento especial son las dos hermanas Skadi y Ceres parecía estar dando sus frutos. Estaba agotado pero no podía permitirse descansar. No podía más y sin embargo seguía adelante.

Edrax ya le había contado cuál era su papel.

De él dependían mucho en esa batalla.


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Se oía el retumbar de tambores de guerra trasgos a través de la profundidad del bosque. Los pasos de los gigantes que los goblins controlaban hacían que la tierra templara. El sonido de las alas de los demonios infundía terror. Pero nada se comparaba a la nube de fuego que avanzaba lentamente detrás de ellos.

Varios grupos pequeños fueron neutralizados por las avanzadas alfar-gnómicas, pero no se imaginaban el grueso del ejército que se les echaba encima.

Los guerreros alfar, más experimentados, compartían frente de batalla con Bob, que soportaba sobre sus hombros el peso de todo lo que podía suceder allí. Sin embargo nadie podría decir jamás que era un cobarde. Estaba en la punta de la vanguardia, esperando al enemigo con una mirada llena de determinación. El fuego del valor y de la voluntad ardía en ellos, y lo reflejaba y contagiaba a sus aliados. Los guerreros humanos estaban justo detrás de ellos esperando expectantes. Los magos estaban en retaguardia con la cobertura de los pícaros. Los miembros de la orden Ein’her se situaron en los flancos para servir de ataque, defensa y apoyo.

Frey y Aisha se situaron al lado de Bob, entre sus hermanos de sangre. Andros estaba con Alexander y Geros con el resto de humanos. Edrax y Zoe servían de conexión entre el grueso y los dos flancos. Por la retaguardia tenían montañas, por lo que los magos estarían seguros con la protección que ya tenían.

El sonido de los tambores se hacía cada vez más fuerte. Los corazones palpitaban. Los nervios se oían y el miedo se olía. Pero allí estaban, dispuestos a luchar por su futuro.

Vixent fue el primero en aparecer, delante de una inimaginable horda. Con su sonrisa macabra saludó a su antiguo compañero, Bob, mientras éste no movía ni una pestaña. Eran demasiados, no podrían con todos ellos ni en sus mejores sueños.

Bob desenvainó su espada y la clavó en el suelo delante de él. La hoja prendió en llamas y el fuego se propagó al suelo, quemando la hierba y trazando una línea a su paso… que acabó en un círculo alrededor del ejército rebelde.

- ¿Qué estáis intentando?- preguntó divertido Vixent.
- Hoy es el día en que cambiarán las cosas. Hoy será la primera derrota de los demonios. Pero no será aquí ni serás tú el que caiga.
- ¿De qué estás hablan…?

Las llamas se volvieron verdes y empezaron a oscilar cada vez más deprisa alrededor de los soldados. Los cánticos de los magos se empezaron a escuchar por primera vez, y el suelo debajo de sus pies empezó a emitir un brillo verdoso cada vez más intenso.

- Ya arreglaremos cuentas Vixent, eso tenlo por seguro, pero hoy tengo una guerra que empezar a ganar.

Con un destello cegador y un crujido ensordecedor las llamas explotaron quemando a alguno de los demonios por el camino. Cuando pudieron volver a mirar ya no quedaba nadie allí. Habían agotado todo el poder mágico de los magos para realizar una teleportación en masa…

- Bien jugado teniente. Te deseo suerte en tu gesta. Como tú has dicho, volveremos a encontrarnos…

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Allí se encontraban, entre mareados y exhaustos, bajo el calor sofocante de la nube de llamas, y la inquietante visión de un castillo repleto de demonios, que aunque sorprendidos por la repentina aparición de un ejército a sus puertas no dudaron en abalanzarse contra ellos y atacar con furia.

Los arqueros, tiradores y los Ein’her se encargaban de los atacantes voladores, mientras que los guerreros hacían lo propio con los de tierra.

Había explosiones de fuego por todos lados. Caían humanos, demonios, alfar y trasgos por partes iguales.

Andros y Toto luchaban ferozmente y codo con codo con el resto de humanos. Aisha cortaba veloz como un rayo y Frey utilizaba su magia arcana para crear explosiones alrededor de sus enemigos. Blaider freía a tiros a cualquiera que se intentara acercar más de lo permitido a sus compañeros.

Geros ya había tenido que encargarse de un par de miembros de su raza. Los miembros de la orden atacaban a todos los enemigos por igual, con fuego, hielo, rayo o lo que fuera. Edrax cortaba con el viento y dejaba a los demonios hechos jirones. Zoe y los dos gemelos incineraban a los demonios. Lya y Lanik se abrían paso entre los enemigos cortando y esquivando como sombras que eran.

Los usuarios de agua curaban a los heridos y confinaban a los enemigos en prisiones en las que acababan ahogados. Jhonny no permitía que nadie se acercara a ellos a base de descargas eléctricas, que aunque no podía producir manualmente se las había ingeniado para poder hacerlo mediante las cuerdas de una guitarra. Los demonios dudaban cuando lo veían, y eso era su perdición. Aparte mientras no atacaba podía infundir valor en sus aliados mediante los efectos mágicos de ciertas canciones de bardo.

Skadi era una arquera excepcional que no fallaba ni una de las flechas de luz pura que disparaba. Ceres se encargaba de proteger con escudos a aquellos que eran atacados por bolas de fuego o descargas mágicas.

Todo estaba avanzando bien. Pero faltaba una cosa para poder decir que tuvieran éxito.

Bob se acercó a las puertas del Castillo del Amanecer con decisión y gritó.

- ¡Sirviente de los demonios, mano derecha del Rey! ¡Sal de tu escondite y enfrenta tu derrota!

El ataque sorpresa había conseguido hacer estragos, teniendo en cuenta que casi todos los efectivos habían ido al bosque a por ellos. Pero aun así tenían que ganar todavía, y para ello aún faltaba la tarea más importante.

Matheus apareció por la puerta del castillo, con la espada desenvainada por primera vez. Una espada de un blanco tan puro que dañaba la vista, pero con una veta negra en el centro que indicaba lo corrupta que estaba. Sus ojos ya no eran humanos. Sus globos eran completamente negros y sus iris del amarillo fantasmagórico de los diablos. Aunque ya lo sabían, de esa manera demostraba su verdadera identidad. Un demonio poseedor llamado Devian que había sido capaz de controlar sin ningún tipo de resistencia al Ein’her más poderoso de la orden.

- Hablemos de derrotas.

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