Cuando Edrax encontró el campamento de
los Bosque Orientales se llevó una gran sorpresa. Había como veinte veces más
gente que antes. Seguramente oirían de las batallas acontecidas y accedieron en
seguida a la proposición de los grupos rebeldes, o los buscaron por cuenta
propia.
Había de todo, hombres jóvenes y mayores,
mujeres, chavales que ayudaban en las tareas mundanas… algunos eran soldados, o
aventureros, otros simples campesinos hartos del yugo de los demonios. Si eran entrenados
apropiadamente y conseguían suministros y equipamiento serían un ejército
considerable.
Cuando se acercó a la tienda principal
coincidió con Lanik. Después de un formal saludo entre compañeros de orden entraron
a hablar con los demás. Dentro estaban los miembros importantes de los grupos
rebeldes, Bob, Andros, Alexander y Elo, que se había convertido en una
consejera de los más importante, que se alegraron de verlo de nuevo.
- Te has tomado tu tiempo, pero al menos
has vuelto – le reprochaba Bob.- ¿Qué nuevas traes?
- Pocas. Vengo solo.
- … Y, ¿aparte de Fox?
- Un gran número de demonios se están
congregando en el norte y sur de las Navajas. Están peinando la región. En no
mucho tiempo estarán en el Castillo del Amanecer.
- Tendremos que atacar cuando se vayan.
- Hay muchas posibilidades de que se
dirijan hacia aquí después. En una batalla en campo abierto no ganaríamos ante
las dos hordas juntas.
- No podemos atacar antes.
- Entonces esperaremos aquí. Nos
prepararemos mejor, y si vienen contraatacaremos.
- No hay mucha alternativa al respecto la
verdad.
- ¿Y los demás?
- Cada cual con sus tareas. Andamos
ocupados por aquí. Lanik y Zoe se encargan del grupo de la orden. Ragbarok está
instruyendo a los pocos que tienen algo de poder mágico. Blaider está
instruyendo en tiro y Toto en manejo de espadas…
- A su tierna edad…
- Tuvo un buen maestro, aunque a él no le
guste reconocerlo. Grondoar y Aisha están… bueno es mejor que lo veas por ti
mismo. Están a un par de horas de camino hacia el este. Para ti apenas media
hora, menos si ya te conoces estos bosques.
- Ok. Voy a ver a los miembros de la
orden, y después iré a verlos a ellos.
- Cuando vuelvas me tendrás que contar
que ha pasado con Fox, asi que invéntate una buena excusa.
- No hay excusa que valga, no le he
encontrado. No quiere que le encuentte. Y ya abandonó su nombre de la orden.
- Para mí siempre será Fox, no me importa
dónde esté o qué haga.
- Hm. Me marcho.
Lanik acompañó a Edrax hasta el resto de
los supervivientes de la orden. Por el camino le preguntó por Fox, aunque la
respuesta fue la misma. Pero Lanik sabía de lo que hablaba.
- ¿Has visto al oráculo?
Edrax se paró y respondió.
- Se me olvidaba que al pertenecer a las
sombras tú también la conoces.
- ¿Qué te ha dicho?
- Fue a verla.
- ¿Qué quería?
- Fue a preguntarla por el encantamiento
de nuestras armas.
- La ligadura de alma.
- Dijo que quería usarla de otra manera,
pero no dijo cuál.
- No me imagino qué puede ser. ¿Y cómo
conseguiste encontrarla?
- Él me enseñó una vez. Me ha costado
varios días incluso ya después de encontrar el primer trazo.
- Podías haberte perdido para siempre
entre las sombras.
- También me dio un mensaje de Fox.
- ¿El qué?
- Que dejara de seguirle.
Después de unas risotadas mutuas
continuaron andando hasta llegar a Zoe y su grupo.
- Vienes solo.
- Yo también me alegro de verte. ¿Te has
cortado el pelo? No contestes.
Se llevó una grata alegría ante lo que
tenía delante. Un par de usuarios de fuego, uno de hielo, uno de rayo, tres de
agua, dos de tierra, una de sombras y dos de luz. Nunca tuvo muchos estudiantes
pero sintió una punzada de dolor al encontrarse en único superviviente usuario
de viento. Bueno, hace un año sólo eran Fox y él.
Los usuarios de fuego Fornax y Belenus
eran dos hermanos gemelos que siempre se habían compenetrado bien entre ellos y
con su maestro Lagnar, su antiguo compañero de aventuras. Lyon, el usuario de
hielo, ya había hecho alguna misión con compañero cuando sucedió todo, por lo
que ya tenía bastante experiencia. La usuaria de sombras Lya, estaba sentada
con su amigo, Jhonny, usuario de rayo, con el que entró a la orden poco antes
de la masacre. Brock, usuario de tierra, estaba con su pareja, Ceres, y su
hermana Skadi, usuarias ambas de luz. Los tres usuarios de agua Enki, Nun y Njord
estaban atendiendo a los heridos causados por los duros entrenamientos.
En total eran quince entre todos,
miembros y élites. Eran lo que quedaba de los Ein’her. Todos los habitantes de
Val’hal que no eran guerreros y no eran enviados a misiones perecieron aquél
fatídico día.
- Me alegro de que hayamos quedado
tantos. Hace un año creía que quedábamos cuatro, y dos de ellos no me alegraba
en absoluto.
- ¿Qué deberíamos hacer? – le preguntó
xx, uno de los gemelos.
- Entrenar. A vosotros mismos y a la
gente que encontréis por aquí. Ayudar en todo lo que podáis. No va a haber
descanso en mucho tiempo.
Cuando se empezaban a dispersar para
atender a sus tareas Edrax paró a las dos hermanas de luz y las habló de manera
que ni Zoe les escuchara.
- Vosotras tenéis una tarea especial.
Quiero que entrenéis a Alexander, Las dos. Siempre que podáis.
- De acuerdo.
/////
Grondoar estaba esperando fuera de la
cabaña con un par de guardias cuando escuchó la veloz llegada.
- Bienvenido Edrax. Te sorprenderás
bastante en el día de hoy.
Lo primero era el propio Grondoar.
Parecía que había recuperado algo de confianza o que quería aparentarlo. Iba
vestido con pantalones de camuflaje, chaqueta de cuero negro y gafas de espejo.
Una sonrisa enorme perenne en su boca y una actitud de chulería que no se
hubiera esperado.
- Estaba un poco decaído hasta hace unas
semanas. Cuando vi toda la gente que venía me empecé a animar. Tenía que volver
a ser yo, y animar a los demás. Ya estoy listo otra vez para patear culos hasta
hartarme.
- Intentaré no estar en medio, créeme.
Después tuvo que ahogar un grito de
sorpresa. No se había percatado de la armadura verde y dorada de los guardas,
delgados y fibrosos, con escudos finos y hojas dobles. Unas orejas picudas
sobresalían debajo de sus adornados cascos, y sus ojos miel lo examinaban con
precaución.
- ¿Cuántos alfar hay?
- Pocos. No quedamos más de una veintena,
entre soldados y cazadores.
Aisha había salido de la cabaña al oír la
conversación para recibir a su invitado.
- Por lo visto a Matheus no se le da bien
rematar tareas. – apuntilló Grondoar con una sonrisilla.
- ¿Habéis hablado ya sobre qué vais a
hacer?
- Nos uniremos a vosotros en la guerra. No
nos queda nada que perder, y si mucho que ganar – dijo un alfar mayor que salía
de la cabaña justo detrás de Aisha. Debía ser el actual líder de los alfar por
la cantidad de tatuajes en el cuello y la cara y los adornos que llevaba. Sin
embargo era más grande que ellos y su facciones eran más duras. – Mi nombre es
Frey, y sí, soy un semi-alfar. Pero la libertad del pensamiento de mi pueblo me
ha permitido vivir como uno más de ellos, no como los humanos que me
rechazaron. Decidí en su día proteger a la gente que me aceptó y me dio la
oportunidad de la vida, y ahora por fin he encontrado la oportunidad. Hubiera
deseado que fuera de otra manera menos lúgubre, pero sigue siendo un placer
poder llevar esa carga, y aun más al lado de la orden Ein’her, a la que nuestro
pueblo estuvo tan unido en momentos de necesidad.
Después de que Frey terminara de
presentarse dio una orden rápida a su gente, que se empezaron a mover con
celeridad.
- Volvamos al campamento entonces. Hay
mucho que trazar.
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