sábado, 14 de abril de 2012

Hope 16 – Batalla en las Navajas


La situación geográfica les estaba dando ventaja, pero no iban a ganar ni podían aguantar para siempre. Elo organizaba los grupos desde retaguardia, y Alexandre desde la vanguardia. Geros, el gigante, se había colocado junto a él sin mediar palabra. Le gustaban tan poco los demonios como los humanos, pero parecía que con éstos había empezado a entablar cierto grado de complicidad.

Los demonios enviaban a sus lacayos humanos entre las cuchillas del desfiladero. La mitad quedaban por el camino, otra buena parte con cortes oxidados que les ralentizaban e infectaban de un veneno que había preparado Elo. Los pocos que llegaban de una pieza dejaban de estarlo al llegar a la maza con pinchos de Geros. No era un buen ataque, pero tampoco tenían mucha más defensa.

Otros tantos volaban por encima de la guarida lanzando de vez en cuando algún ataque mágico. El fuego no solía llegar por el viento, pero los rayos ya habían alcanzado a más de uno. Alexandre intentaba proteger a algunos de ellos con escudos mágicos, pero aún eran débiles y eran atravesados en más de una ocasión.

Estaban siendo masacrados realmente, sin ningún lugar donde huir, con la única vía de escape bloqueada por sus atacantes. Nunca se habían imaginado siendo atacados ahí, por lo que no habían predicho un error tan básico en un supuesto baluarte natural.

Una sombra voló sobre las agujas. Se desvió un par de veces en el aire y se materializó en una persona justo cuando iba a alcanzar a un demonio. Desenvainó dos dagas, una larga y otra corta, y de un giro de su cuerpo propinó en el aire seis profundos y precisos tajos al demonio, que desapareció en volutas después que el pícaro se impulsara con un pie en su cuerpo y se volviera a desmaterializar en sombras para dirigirse a otro y repetir el mismo proceso, pero aterrizando al otro lado de las agujas después. Un verdadero acróbata aéreo.

- ¿Qué diantres? – preguntó un atónito Alexandre.

Los soldados habían dejado de entrar. Detrás del mortal pasillo lleno de cadáveres se podía ver fuego, y explosiones. Alexandre atisbó un rayo de esperanza, reconociendo el berrido de berserker que precedió a una de las explosiones. Habían llegado refuerzos, con Zoe a la cabeza.

Con cuidado, fueron saliendo del desfiladero hacia la explanada exterior, donde se concentraba ahora la batalla. Los demonios estaban ahora rodeados por el grupo que salía de las navajas y los refuerzos, que aunque pocos hacían estragos por el factor sorpresa.

Los guanteletazos y las llamaradas de Zoe hacían buena cuenta de los que aún no se habían acabado de situar. Toto aprovechaba su corta estatura para pasar entre las llamas y cortar en puntos clave como tendones y cartílagos mientras seguía corriendo, como Fox le había enseñado. Blaider acababa de aparecer de las navajas. Había aprovechado la confusión para entrar y conseguir un arma nueva. Había cogido una escopeta, un arma de fuego de alta potencia en corto alcance debido a su gran cañón y su gran carga de pólvora, y se dedicaba a reventar cabezas de soldados mientras recargaba cada pocos disparos.

La sombra que habían visto volar ahora se deslizaba a gran velocidad y con gran agilidad entre las filas enemigas materializándose y desmaterializándose a voluntad, seccionando miembros e inutilizando otros tantos con sus dagas… Y de repente salió volando en dirección a Zoe y se paró, como si hubiera escapado asustado de algo.

Ambos bandos se quedaron quietos. Heridos y cansados se miraron unos a otros, pero fueron los demonios los que sonrieron antes de salir volando y quedarse en el aire. Los soldados humanos se batieron en retirada mientras que los demonios se quedaron ahí, flotando.

Solo quedó uno en mitad de todo, parado, con una gabardina blanca, piezas de armadura plateadas en hombros, antebrazos y piernas. Pelo medio largo blanco moviéndose en el aire y ojos entrecerrados, brillantes, claros como la luna, rebosantes de luz. Sonrió.

- ¡Matheus! – gritó Zoe, llena de ira ante la persona que tenía delante.
- ¿Qué hace él aquí? – preguntó Lanik, mientras desaparecían los últimos trazos de su sombra, entre confundido y asustado.
- No creeríais en serio que no iba a intentar aprovechar una oportunidad así, ¿verdad?
- Joder, ¿y ahora qué hacemos?
- ¿Tenéis miedo?

Cuando se giró hacia el grupo de Zoe, Blaider corrió hacia él y a media distancia derrapó con los pies, clavó la rodilla en el suelo, apuntó su arma y disparó. Hubiera sido una estrategia, aunque cobarde, efectiva, si no fuera por que todos los perdigones rebotaron en un escudo mágico que envolvía al Ein’her de la luz.

- No te arrepientas de tu decisión. Yo hubiera hecho lo mismo. Bueno, yo ya lo hice.- dijo sonriendo maliciosamente a Zoe, quien confiaba ciegamente en él en su época en Val’hal y a la que casi mató de un tajo de sorpresa.

Ante este comentario Zoe entró en locura. Gritó como nunca nadie había oído. Hasta los demonios se amedrentaron. El único que ni se inmutó fue Matheus, que esperó el siguiente movimiento sin cambiar su expresión burlona.

El suelo bajo Zoe estalló. De su cuerpo y de las grietas del suelo salieron violentas llamas que calcinaban lo que tocaban, menos a su dueña. Se envolvió con ellas, formando una bola de fuego abrasador con su cuerpo, y se lanzó contra Matheus. Éste esquivó todos y cada uno de los golpes que le iban dirigidos, moviéndose los justo para que no le alcanzaran las llamas que seguían al golpe, como prediciendo los movimientos de su contrincante. Y sin borrar su sonrisa de serpiente de la cara.

Zoe reunió todas las llamas de su cuerpo en su puño derecho, concentrándolas de tal manera que hacían vibrar hasta las placas de su guantelete. Matheus dejó de sonreír.

- Eso es peligroso.

Dicho esto levantó una mano y con un gesto una pequeña luz anaranjada salió de ella y se interpuso en el camino del ataque  actuando como un muro inquebrantable. El fuego salió disparado en todas direcciones, el suelo se quebró y se quemó, pero nada pasó de la pequeña luz en dirección a Matheus.

Cuando Zoe saltó hacia atrás, exhausta, Matheus volvió a recuperar parte de su sonrisa.

- ¿Qué ha pasado ahí? – preguntó Elo
- En mis estudios sobre la luz leí sobre ello- la explicó Alexandre.- Es una magia de anulación elemental. Si colocas una luz de negación de fuego, bloquea todo ataque de fuego que pueda pasar por ahí. Es una defensa elemental absoluta con el único inconveniente del complicado entendimiento y ejecución que tiene. Pero él lo ha hecho con un solo movimiento, y ha bloqueado también el ataque físico de Zoe, no sólo el fuego. Es un monstruo.

- ¿Qué pasa Zoe? ¿Ya te has quedado sin fuelle?

Los demonios que seguían volando bajaron en picado a por ella.

Unos pilares de hielo afilados como agujas surgieron del suelo, empalando a más de un desventurado. Una serie de misiles congelados alcanzaron a otros tantos que se vieron forzados a aterrizar, oportunidad que no desperdiciaron los rebeldes, que cortaron, machacaron y dispararon a lo que pudieron. Los demonios supervivientes remontaron vuelo y salieron de allí, dejando solo a su comandante. Un segundo ataque sorpresa les hizo decidir que era mejor irse de allí.

- Así que la traidora vuelve a traicionar. Como para ganarte la confianza de alguien.

Sharah se encontraba a una distancia prudencial, lejos del resto de grupos y del propio Matheus. No parecía estar en buen estado, y sus pronunciadas ojeras lo confirmaban.

- ¿Sientes remordimientos? Que bonito… ¿Lo has visto Fox? Tu compañera se arrepiente.
- ¿Fox? ¿Dónde..?
- Ahí – contestó Matheus a Zoe, moviendo una mano y lanzando una onda antimagia encima de un peñasco, en el que apareció un pequeño dragón negro, visiblemente hecho de sombras.- Familiares invisibles. Conozco todos tus trucos ya lo sabes.

El pequeño dragón abrió las fauces, enseñando sus afilados dientes. Los familiares no tenían fuerza suficiente para atacar, pero podían ser muy expresivos.

- Puede ser interesante. Nunca has sido una puta mierda, pero merece la pena ver hasta dónde te ha llevado tu odio. Además no me apetece pelear con tanta gente al mismo tiempo, es estresante.
- No te creas que vas a salir de aquí – le dijo Zoe.

Matheus, como si no la hubiera oído, se limitó a sonreír y unas líneas luminosas aparecieron en el suelo que pisaba, formando un hexagrama.

- ¡No te dejaré! – gritó Zoe mientras se lanzaba a por él. Pero cuando llegó ya se había teletransportado lejos de allí. Un conjuro tan rápido significaba que ya lo tenía preparado, hechizo y receptor, por lo que no tenía intención de pelear desde un principio. Había jugado un poco con ellos y demostrado su diferencia de poder. Ni siquiera había atacado ni una sola vez.- ¡MIERDA!

Lanik se acercó al pequeño dragón. Cuando éste se desvaneció Lanik se irguió y se encaró al resto.

- Fox ha dejado la orden y los grupos rebeldes. A partir de ahora va por libre. El resto de la gente vendrá en unos días. Es su último mensaje para nosotros…

Cuando acabó de hablar, Sharah se dio la vuelta y empezó a andar lejos de allí.

- ¿Adónde vas? ¿Te crees que vamos a olvidar todo sólo por matar unos pocos demonios? Fuiste tú la que los trajo, ¿recuerdas? ¡CONTESTA JODER!

Sharah se paró un segundo, pero sólo para seguir andando después. Cuando desapareció en la distancia Zoe profirió otro grito, esta vez lleno de rabia e impotencia. ¿Por qué tenía que acabar todo siempre tan mal?

Alexandre y Elo ya estaban atendiendo a los heridos. Geros tenía un par de feas heridas, pero no les dejaba que lo curasen. A cambio les preguntaba si podía ayudar, aunque por su tamaño y torpes manos fuera algo complicado. Toto y Blaider recogían equipo y lo trasladaban dentro de las navajas. Otros miembros menos castigados limpiaban el desfiladero de cuerpos, tanto enemigos como amigos.

Habían repelido el ataque, pero no lo consideraban una victoria. Ninguno de ellos.

Como dijo Lanik, tanto Grondoar y Fury, como Edrax y Bob, seguidos de una docena de gnomos, llegaron a la base al cabo de un par de días. Vendajes, aroma al hierro de la sangre en cada esquina, manchas secas en el suelo. La muerte se alojaba en aquel paraje y se negaba a irse.

Intercambiaron historias. Las batallas de las Navajas y de Arcadia y la huida de Bob de su tierra natal una vez más. El despertar de Fox y su odio por Matheus. El encuentro con Azure la matadragones y la deserción de Fox. Lo único que no comentaron fue la verdadera identidad de Fury.

Edrax se mostró bastante afectado por el grueso de noticias, sobre todo por Drake. Ahora que había dejado la orden recuperaría su antiguo nombre.

Bob debía pensar qué hacer a partir de ese momento con su gente. No podían quedarse allí ahora que conocían su ubicación, por buena que fuera. Tendrían que moverse a algún sitio, pero dónde, no lo sabía.

- ¿Y el Castillo del Amanecer? Está abandonado desde que te fuiste de allí, ¿no?- preguntó Grondoar.
- No. Han mandado más gente. Y aunque no fuera así sería demasiado obvio, y lo sabrían en seguida. Necesitamos un lugar desde el que podamos reabastecernos y descansar.
- ¿Cuál es el plan?- preguntó Fury.
- Vamos a reclutar gente. Donde vayamos nos iremos dividiendo en grupos y hablando con la gente de los pueblos. Expandiremos la palabra. Nos reagruparemos y atacaremos el Castillo del Amanecer. Será nuestra piedra angular. Les estaremos declarando guerra abierta. Ya hemos demostrado que podemos con ellos en batalla frontal, y no podemos esperar siempre a que ellos sean los que nos ataquen. El castillo será nuestro primer paso. Pero nos queda a dónde dirigirnos…
- A los Bosques Orientales.

Antes la respuesta de Fury Bob no pudo hacer más que sorprenderse.

- Es tierra de elfos. No podemos entrar ahí, aunque estén todos muertos, o por eso mismo.
- No todos Bob- Fury reveló sus facciones delatoras y les explicó su historia y sus razones para mantenerla oculta.- A partir de ahora llamadme Aisha por favor.
- De acuerdo entonces. Es un buen sitio para escondernos y proveernos. Al ir con uno de ellos no me sentiré profanado tierra sagrada.
- En tiempos de necesidad todos somos hermanos.
- Hablas como una noble siendo una asesina.
- Me educaron bien.
- No lo dudo. Entonces de acuerdo. Nos dirigiremos a los Bosques Orientales. Iré formando los grupos de reclutamiento según vayamos avanzando. ¿Qué puedo esperar de los Ein’her?
- Iremos con vosotros- dijo Zoe convencida.
- Zoe irá con vosotros – rectificó Edrax. Cuando todos le miraron explicó- Lanik ha de reunirse con los miembros de la orden supervivientes, y yo tengo unos asuntos que atender, pero nos veremos en el bosque. No es la primera vez que entro, sabré encontraros.
- Sería bueno que llevaras algo de compañía maese Edrax- inquirió educadamente Ragbarok.
- No. Iré más rápido si voy solo. Y necesitáis toda la gente que podáis con vosotros. Intentaré no tardar en exceso.
- ¿Y dónde vas?- le preguntó Zoe.
- A buscar a Drake.

No hay comentarios: