La situación
geográfica les estaba dando ventaja, pero no iban a ganar ni podían aguantar
para siempre. Elo organizaba los grupos desde retaguardia, y Alexandre desde la
vanguardia. Geros, el gigante, se había colocado junto a él sin mediar palabra.
Le gustaban tan poco los demonios como los humanos, pero parecía que con éstos
había empezado a entablar cierto grado de complicidad.
Los demonios
enviaban a sus lacayos humanos entre las cuchillas del desfiladero. La mitad
quedaban por el camino, otra buena parte con cortes oxidados que les
ralentizaban e infectaban de un veneno que había preparado Elo. Los pocos que
llegaban de una pieza dejaban de estarlo al llegar a la maza con pinchos de
Geros. No era un buen ataque, pero tampoco tenían mucha más defensa.
Otros tantos
volaban por encima de la guarida lanzando de vez en cuando algún ataque mágico.
El fuego no solía llegar por el viento, pero los rayos ya habían alcanzado a
más de uno. Alexandre intentaba proteger a algunos de ellos con escudos
mágicos, pero aún eran débiles y eran atravesados en más de una ocasión.
Estaban siendo
masacrados realmente, sin ningún lugar donde huir, con la única vía de escape
bloqueada por sus atacantes. Nunca se habían imaginado siendo atacados ahí, por
lo que no habían predicho un error tan básico en un supuesto baluarte natural.
Una sombra voló
sobre las agujas. Se desvió un par de veces en el aire y se materializó en una
persona justo cuando iba a alcanzar a un demonio. Desenvainó dos dagas, una
larga y otra corta, y de un giro de su cuerpo propinó en el aire seis profundos
y precisos tajos al demonio, que desapareció en volutas después que el pícaro
se impulsara con un pie en su cuerpo y se volviera a desmaterializar en sombras
para dirigirse a otro y repetir el mismo proceso, pero aterrizando al otro lado
de las agujas después. Un verdadero acróbata aéreo.
- ¿Qué
diantres? – preguntó un atónito Alexandre.
Los soldados
habían dejado de entrar. Detrás del mortal pasillo lleno de cadáveres se podía
ver fuego, y explosiones. Alexandre atisbó un rayo de esperanza, reconociendo
el berrido de berserker que precedió a una de las explosiones. Habían llegado
refuerzos, con Zoe a la cabeza.
Con cuidado,
fueron saliendo del desfiladero hacia la explanada exterior, donde se
concentraba ahora la batalla. Los demonios estaban ahora rodeados por el grupo
que salía de las navajas y los refuerzos, que aunque pocos hacían estragos por
el factor sorpresa.
Los
guanteletazos y las llamaradas de Zoe hacían buena cuenta de los que aún no se
habían acabado de situar. Toto aprovechaba su corta estatura para pasar entre
las llamas y cortar en puntos clave como tendones y cartílagos mientras seguía
corriendo, como Fox le había enseñado. Blaider acababa de aparecer de las
navajas. Había aprovechado la confusión para entrar y conseguir un arma nueva.
Había cogido una escopeta, un arma de fuego de alta potencia en corto alcance
debido a su gran cañón y su gran carga de pólvora, y se dedicaba a reventar
cabezas de soldados mientras recargaba cada pocos disparos.
La sombra que
habían visto volar ahora se deslizaba a gran velocidad y con gran agilidad
entre las filas enemigas materializándose y desmaterializándose a voluntad,
seccionando miembros e inutilizando otros tantos con sus dagas… Y de repente salió
volando en dirección a Zoe y se paró, como si hubiera escapado asustado de
algo.
Ambos bandos se
quedaron quietos. Heridos y cansados se miraron unos a otros, pero fueron los
demonios los que sonrieron antes de salir volando y quedarse en el aire. Los
soldados humanos se batieron en retirada mientras que los demonios se quedaron
ahí, flotando.
Solo quedó uno
en mitad de todo, parado, con una gabardina blanca, piezas de armadura
plateadas en hombros, antebrazos y piernas. Pelo medio largo blanco moviéndose
en el aire y ojos entrecerrados, brillantes, claros como la luna, rebosantes de
luz. Sonrió.
- ¡Matheus! –
gritó Zoe, llena de ira ante la persona que tenía delante.
- ¿Qué hace él
aquí? – preguntó Lanik, mientras desaparecían los últimos trazos de su sombra,
entre confundido y asustado.
- No creeríais
en serio que no iba a intentar aprovechar una oportunidad así, ¿verdad?
- Joder, ¿y
ahora qué hacemos?
- ¿Tenéis
miedo?
Cuando se giró
hacia el grupo de Zoe, Blaider corrió hacia él y a media distancia derrapó con
los pies, clavó la rodilla en el suelo, apuntó su arma y disparó. Hubiera sido
una estrategia, aunque cobarde, efectiva, si no fuera por que todos los
perdigones rebotaron en un escudo mágico que envolvía al Ein’her de la luz.
- No te
arrepientas de tu decisión. Yo hubiera hecho lo mismo. Bueno, yo ya lo hice.-
dijo sonriendo maliciosamente a Zoe, quien confiaba ciegamente en él en su
época en Val’hal y a la que casi mató de un tajo de sorpresa.
Ante este
comentario Zoe entró en locura. Gritó como nunca nadie había oído. Hasta los
demonios se amedrentaron. El único que ni se inmutó fue Matheus, que esperó el
siguiente movimiento sin cambiar su expresión burlona.
El suelo bajo
Zoe estalló. De su cuerpo y de las grietas del suelo salieron violentas llamas
que calcinaban lo que tocaban, menos a su dueña. Se envolvió con ellas,
formando una bola de fuego abrasador con su cuerpo, y se lanzó contra Matheus.
Éste esquivó todos y cada uno de los golpes que le iban dirigidos, moviéndose
los justo para que no le alcanzaran las llamas que seguían al golpe, como
prediciendo los movimientos de su contrincante. Y sin borrar su sonrisa de
serpiente de la cara.
Zoe reunió
todas las llamas de su cuerpo en su puño derecho, concentrándolas de tal manera
que hacían vibrar hasta las placas de su guantelete. Matheus dejó de sonreír.
- Eso es
peligroso.
Dicho esto
levantó una mano y con un gesto una pequeña luz anaranjada salió de ella y se
interpuso en el camino del ataque
actuando como un muro inquebrantable. El fuego salió disparado en todas
direcciones, el suelo se quebró y se quemó, pero nada pasó de la pequeña luz en
dirección a Matheus.
Cuando Zoe
saltó hacia atrás, exhausta, Matheus volvió a recuperar parte de su sonrisa.
- ¿Qué ha
pasado ahí? – preguntó Elo
- En mis
estudios sobre la luz leí sobre ello- la explicó Alexandre.- Es una magia de
anulación elemental. Si colocas una luz de negación de fuego, bloquea todo
ataque de fuego que pueda pasar por ahí. Es una defensa elemental absoluta con
el único inconveniente del complicado entendimiento y ejecución que tiene. Pero
él lo ha hecho con un solo movimiento, y ha bloqueado también el ataque físico
de Zoe, no sólo el fuego. Es un monstruo.
- ¿Qué pasa
Zoe? ¿Ya te has quedado sin fuelle?
Los demonios
que seguían volando bajaron en picado a por ella.
Unos pilares de
hielo afilados como agujas surgieron del suelo, empalando a más de un
desventurado. Una serie de misiles congelados alcanzaron a otros tantos que se
vieron forzados a aterrizar, oportunidad que no desperdiciaron los rebeldes,
que cortaron, machacaron y dispararon a lo que pudieron. Los demonios
supervivientes remontaron vuelo y salieron de allí, dejando solo a su
comandante. Un segundo ataque sorpresa les hizo decidir que era mejor irse de
allí.
- Así que la
traidora vuelve a traicionar. Como para ganarte la confianza de alguien.
Sharah se
encontraba a una distancia prudencial, lejos del resto de grupos y del propio
Matheus. No parecía estar en buen estado, y sus pronunciadas ojeras lo
confirmaban.
- ¿Sientes
remordimientos? Que bonito… ¿Lo has visto Fox? Tu compañera se arrepiente.
- ¿Fox?
¿Dónde..?
- Ahí –
contestó Matheus a Zoe, moviendo una mano y lanzando una onda antimagia encima
de un peñasco, en el que apareció un pequeño dragón negro, visiblemente hecho
de sombras.- Familiares invisibles. Conozco todos tus trucos ya lo sabes.
El pequeño
dragón abrió las fauces, enseñando sus afilados dientes. Los familiares no
tenían fuerza suficiente para atacar, pero podían ser muy expresivos.
- Puede ser
interesante. Nunca has sido una puta mierda, pero merece la pena ver hasta
dónde te ha llevado tu odio. Además no me apetece pelear con tanta gente al
mismo tiempo, es estresante.
- No te creas
que vas a salir de aquí – le dijo Zoe.
Matheus, como
si no la hubiera oído, se limitó a sonreír y unas líneas luminosas aparecieron
en el suelo que pisaba, formando un hexagrama.
- ¡No te
dejaré! – gritó Zoe mientras se lanzaba a por él. Pero cuando llegó ya se había
teletransportado lejos de allí. Un conjuro tan rápido significaba que ya lo
tenía preparado, hechizo y receptor, por lo que no tenía intención de pelear
desde un principio. Había jugado un poco con ellos y demostrado su diferencia
de poder. Ni siquiera había atacado ni una sola vez.- ¡MIERDA!
Lanik se acercó
al pequeño dragón. Cuando éste se desvaneció Lanik se irguió y se encaró al
resto.
- Fox ha dejado
la orden y los grupos rebeldes. A partir de ahora va por libre. El resto de la
gente vendrá en unos días. Es su último mensaje para nosotros…
Cuando acabó de
hablar, Sharah se dio la vuelta y empezó a andar lejos de allí.
- ¿Adónde vas?
¿Te crees que vamos a olvidar todo sólo por matar unos pocos demonios? Fuiste
tú la que los trajo, ¿recuerdas? ¡CONTESTA JODER!
Sharah se paró
un segundo, pero sólo para seguir andando después. Cuando desapareció en la
distancia Zoe profirió otro grito, esta vez lleno de rabia e impotencia. ¿Por
qué tenía que acabar todo siempre tan mal?
Alexandre y Elo
ya estaban atendiendo a los heridos. Geros tenía un par de feas heridas, pero
no les dejaba que lo curasen. A cambio les preguntaba si podía ayudar, aunque
por su tamaño y torpes manos fuera algo complicado. Toto y Blaider recogían
equipo y lo trasladaban dentro de las navajas. Otros miembros menos castigados
limpiaban el desfiladero de cuerpos, tanto enemigos como amigos.
Habían repelido
el ataque, pero no lo consideraban una victoria. Ninguno de ellos.
Como dijo
Lanik, tanto Grondoar y Fury, como Edrax y Bob, seguidos de una docena de
gnomos, llegaron a la base al cabo de un par de días. Vendajes, aroma al hierro
de la sangre en cada esquina, manchas secas en el suelo. La muerte se alojaba
en aquel paraje y se negaba a irse.
Intercambiaron
historias. Las batallas de las Navajas y de Arcadia y la huida de Bob de su
tierra natal una vez más. El despertar de Fox y su odio por Matheus. El
encuentro con Azure la matadragones y la deserción de Fox. Lo único que no
comentaron fue la verdadera identidad de Fury.
Edrax se mostró
bastante afectado por el grueso de noticias, sobre todo por Drake. Ahora que
había dejado la orden recuperaría su antiguo nombre.
Bob debía
pensar qué hacer a partir de ese momento con su gente. No podían quedarse allí
ahora que conocían su ubicación, por buena que fuera. Tendrían que moverse a
algún sitio, pero dónde, no lo sabía.
- ¿Y el
Castillo del Amanecer? Está abandonado desde que te fuiste de allí, ¿no?-
preguntó Grondoar.
- No. Han
mandado más gente. Y aunque no fuera así sería demasiado obvio, y lo sabrían en
seguida. Necesitamos un lugar desde el que podamos reabastecernos y descansar.
- ¿Cuál es el
plan?- preguntó Fury.
- Vamos a
reclutar gente. Donde vayamos nos iremos dividiendo en grupos y hablando con la
gente de los pueblos. Expandiremos la palabra. Nos reagruparemos y atacaremos
el Castillo del Amanecer. Será nuestra piedra angular. Les estaremos declarando
guerra abierta. Ya hemos demostrado que podemos con ellos en batalla frontal, y
no podemos esperar siempre a que ellos sean los que nos ataquen. El castillo
será nuestro primer paso. Pero nos queda a dónde dirigirnos…
- A los Bosques
Orientales.
Antes la
respuesta de Fury Bob no pudo hacer más que sorprenderse.
- Es tierra de
elfos. No podemos entrar ahí, aunque estén todos muertos, o por eso mismo.
- No todos Bob-
Fury reveló sus facciones delatoras y les explicó su historia y sus razones
para mantenerla oculta.- A partir de ahora llamadme Aisha por favor.
- De acuerdo
entonces. Es un buen sitio para escondernos y proveernos. Al ir con uno de
ellos no me sentiré profanado tierra sagrada.
- En tiempos de
necesidad todos somos hermanos.
- Hablas como
una noble siendo una asesina.
- Me educaron
bien.
- No lo dudo.
Entonces de acuerdo. Nos dirigiremos a los Bosques Orientales. Iré formando los
grupos de reclutamiento según vayamos avanzando. ¿Qué puedo esperar de los Ein’her?
- Iremos con
vosotros- dijo Zoe convencida.
- Zoe irá con
vosotros – rectificó Edrax. Cuando todos le miraron explicó- Lanik ha de
reunirse con los miembros de la orden supervivientes, y yo tengo unos asuntos
que atender, pero nos veremos en el bosque. No es la primera vez que entro,
sabré encontraros.
- Sería bueno
que llevaras algo de compañía maese Edrax- inquirió educadamente Ragbarok.
- No. Iré más
rápido si voy solo. Y necesitáis toda la gente que podáis con vosotros.
Intentaré no tardar en exceso.
- ¿Y dónde vas?-
le preguntó Zoe.
- A buscar a
Drake.
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