lunes, 2 de abril de 2012

Hope 14 – Lucero



Lucero era un pueblo agradable. A medio camino entre el Castillo del Anochecer y Arcadia capital tenía un buen flujo de gente, pero ocupados como iban con sus quehaceres no prestaban atención a un grupo de extranjeros como Fox y compañía, que se hospedaban en una posada mientras él y Bob se recuperaban.

Bob tardó apenas medio día, pero Fox seguía en cama, aunque despierto. Había cometido un gasto excesivo de poder mágico, y eso le impedía tener fuerzas incluso para andar. Al menos hasta que se recuperara. Por alguna razón Grondoar y Fury no se habían separado de él, como si estuvieran velándolo… o vigilándolo. Se notaba la frustración en su cara. Había caído inconsciente dos veces en una semana.

- No te tortures. Has utilizado demasiada magia y hacía tiempo que no la necesitábamos de esta manera. – solía decirle Edrax.

Ya llevaban tres días allí por su culpa mientras la base de los grupos rebeldes corría peligro. No sabían que tipo de información había filtrado Sharah, por lo que tenían que ponerse en marcha cuanto antes. Pero no en esa situación.

Al quinto día pudo salir a caminar para recobrar la movilidad de sus piernas. Nunca había tardado tanto en recuperarse de una batalla. Algo tenía que ir mal.

- ¿Tenéis que seguirme a todos lados?
- Así nos han pedido.
- ¿Quién?
- Tanto Edrax como Bob.

Ahora que caía, hacía días que no los veía. Había estado tan cansado y abstraído en sus pensamientos que no se había percatado de que sólo estaban ellos tres.

- ¿Dónde están? ¿Y los demás?
- Deberías descans…
- No volveré a repetirlo.
- ¿O qué? ¿Me atacarás? En tu condición hasta yo podría contigo – Grondoar no solía tener mucha confianza con su fuerza aunque pudiera tenerla perfectamente.

Después de unos segundos de silencio incómodo, Fox entendió que no podría hacer nada…

- Edrax, Bob y Toto han ido a Arcadia. Zoe, Andros y Blaider se fueron a las Navajas con Lanik.
- ¿Portal?
- No. Pero puede usar las sombras para ocultarse y moverse más rápido, como tú.
- ¿Por qué me lo cuentas al final?
- Porque mereces saberlo igual que los demás. Al fin y al cabo eres un compañero más.

No sabría explicar el por qué, ni en ese momento ni nunca, pero por alguna razón esas palabras hicieron mella en él. Mientras andaba por el pueblo costero, con el aire de la bahía dándole en la cara, lo último que se esperaba era acordarse de él mismo. De su pasado y sus “compañeros”. Una lágrima helada se deslizó lentamente por la mejilla aunque su cara no hubiera cambiado.

- No habléis de compañerismo. No soy compañero de nadie.
- Si lo eres. Eres el nuestro.
- No soy nada. No somos nada. Vosotros tenéis vuestro objetivo y yo el mío. Colaboramos en cosas pero no quiere decir que estemos juntos en nada.
- ¿Y por eso le salvaste la vida a Bob?
- Fui a por Ray, no tenía que ver con..
- Corriste a por él y le hiciste desmayarse para que no estuviera en la contienda.
- NO SOMOS NADA!

La gente del alrededor miró curiosa al oír el grito, pero en seguida siguieron a sus labores.

- No queréis ser mis compañeros creedme.
- ¿Por qué te afanas tanto?
- Porque todo compañero que tenido ha muerto sin que pudiera hacer nada al respecto.

Grondoar no sabía que decir ante esto. Nunca había visto a nadie con una carga tan grande sobre sus hombros.

- No todo lo que pasa a tu alrededor es culpa tuya. – Fury que había estado callada todo el rato, escuchando, se había acercado a Fox y lo miró a los ojos. Unos ojos morados que encerraban un abismo insoldable.
- ¿Y tú que sabrás? Todo lo que he querido ha muerto en mis manos. No me puedo permitir querer nada.
- La masacre de Alfheim no fue culpa tuya Fox.

Los ojos de Fox casi se salieron de sus órbitas cuando oyeron el cambio de voz de Fury. Levantó la cabeza y la miró a los ojos. Unos ojos de color miel como sólo había visto en un lugar. Y no se había dado cuenta hasta ese momento… Maldita fuera su estupidez. Por eso Grondoar la celaba de esa manera. Mientras Fury se corría el pelo trenzado por detrás de la oreja se pudieron observar unas orejas largas y puntiagudas y unos tatuajes desde el reverso de la oreja hasta el cuello que la marcaban como asesina alfar. El pelo cardado y sucio sólo era otro disfraz.

- Yo te conozco…
- Pero no mi nombre. Me llamo Aisha. Soy la hija de Yruf, Comandante del Círculo de Asesinos a la orden directa de Su Luz Iris, reina de los alfar y amiga tuya de confianza según tenía entendido.
- De ahí ese raro nombre. Es el de tu padre al revés. Pero no es posible. No había más que cadáveres. Ni una brizna de aire soplaba esa noche.
- Por suerte o desgracia no estábamos allí cuando sucedió, como algunos de los miembros de tu orden por lo visto.
- ¿Estábamos?
- Un grupo de exploradores, uno de asesinos y uno de nobles se encontraban en distintos lugares de Eridia con diferentes misiones. Eso nos permitió sobrevivir.
- ¿Y dónde está el resto? Más importante, ¿por qué te expones ahora?
- No lo diré en público – dijo mientras se tapaba otra vez sus facciones delatoras.- Pero me expongo por que he quedado aquí con una persona. Otra amiga tuya creo.
- Bueno lo de amigos podríamos discutirlo. Conocidos… ¿tal vez?

Para salir de una mujer de casi dos metros de altura y fuertes proporciones era una voz sorprendentemente suave… cuando quería.

- Así que por eso estamos aún en Lucero y no en un carro dirección a ningún sitio.
- Te ves destrozado “amigo”. ¿Tanto te afecta acercarte al lugar de tu despertar?
- Azure no empieces otra vez
- Jajaja. Como quieras. Vamos a ese tugurio donde te hospedas. Estaremos mejor que aquí.

Mientras caminaban Fox se fijó en ella. No había cambiado nada en esos años. Quizá alguna nueva cicatriz o la sutil diferencia de llevar armadura pesada completa a ropa de viajero corriente, pero por lo demás seguía siendo esa mujer robusta y fuerte, con una altura intimidatoria que coronaba en su brillante y llamativo pelo puntiagudo y teñido de azul, que ahora llevaba tapado por una capucha para no ir llamando la atención más de lo que ya la llamaba, aunque se podían adivinar las formas debajo de ella. Llevaba ropa ancha pero se podían adivinar sus formas aun así. Fuertes brazos y piernas, cadera ancha y pechos orgullosos la hacían toda una mujer. Su cara tenía fuertes facciones, y unos bellos rasgos, sobre todo en sus ojos, grandes y azules como el cielo que soñaba alcanzar algún día. Era el sueño de cualquier hombre, sólo que a lo grande.

Una vez estuvieron en el cuarto de Fox empezó la conversación.

- Bueno decidme entonces por qué estamos reunidos. Aparte de dos gratas sorpresas como saber que algunos alfar siguen vivos y Azure sigue dando guerra algo más habrá.
- ¿Grondoar y yo cazábamos juntos lo sabías?
- Cada vez me sorprendéis más.
- Y lo que te queda majo jajaja. Nos encontramos con los alfar que quedaban en…
- Ejem.
- Perdón, ya me iba de la lengua. Mientras seguíamos la pista de un dragón.
- ¿Todavía queda alguno vivo?
- Más de los que crees.
- Entonces te falta mucho trabajo, Matadragones.
- Lo sé, Drake, lo sé.
- ¿Drake? – preguntó tímidamente Grondoar.
- Es su nombre real. Todos los miembros de la orden de Val’hal toman nuevos nombres cuando entran basados en su personalidad y sus habilidades.
- Pero Drake es…
- Sí. Dragón en un dialecto sureño. Era un proscrito arcadio.
- ¿Por eso decías lo de los compañeros? – preguntó Fury
- Mis padres fueron exiliados por tener sangre de dragón, eran draconianos. Murieron protegiéndome de unos bandidos antes de que tuviera razón para recordar sus caras. Mi padre… el que me crió mató a esos bandidos antes de que me mataran ellos a mi también. Fue una suerte que él y su familia pasaran por allí. Me llevaron con ellos y me criaron. Me pusieron nombre, Drake, Dragón, aquello que para ellos representaba fuerza. Me enseñaron todo lo que sabían. Fue mi familia. Hasta los doce años.
- ¿Qué pasó?
- Un grupo de bandidos asaltaron nuestro campamento cuando mi padre y yo no estábamos. Cuando volvimos era todo sangre y fuego. Mataron a mi padre delante de mí, por segunda vez. Su sangre llegó a mi cara. Se congeló el mundo y el tiempo. La angustia y el pesar se apoderó de mí.
- El despertar… - cortó Azure.- No tienes por qué contarlo si no quieres.
- Tarde o temprano se van a enterar. Si no es por mí por el bocas de Edrax. Seguro que estando tan cerca del bosque ya se lo habrá contado a su compañía.
- Como veas.
- Cuando el tiempo se detuvo fue como si pudiera oír a mi padre, muerto como estaba. Sentía a cada uno de los cadáveres de mi familia, o mejor dicho, sus almas. Les sentía… compadeciéndose de mí. Porque iba a morir. Iba a morir irremediablemente. No podía hacer nada como nunca pude hacerlo. Y sin embargo ocurrió. Ni siquiera sabía que tenía poder mágico, mucha gente muere sin saberlo. Y yo desperté. Mi pesar corrió por las almas de los bandidos, todos y cada uno de ellos, que empezaron a gritar, a arañarse y a vomitar. No podían aguantar los sentimientos que llegaban a ellos a través del aura que emanaba inconscientemente.
- Como la que usaste contra Ray.
- Exacto. Pero eso no fue lo peor. Lo peor vino después. Uno de ellos consiguió erguirse y andar. Vino hacia mi con la espada levantada. Yo tenía miedo. Le contagiaba ese miedo. Pero seguía adelante. Y de repente sentí furia. Furia y valor. Pero no de mí. Ni de él. Un espectro morado salió del cuerpo de mi padre para clavar su espada en el pecho de mi atacante. Otros espectros se levantaron para acabar, uno por uno con todos los bandidos que previamente les mataron. Mi aura les despertó. Mi aura les condenó. Y aun así ellos infundían valor. Eligieron la condena para ayudarme. Me ofrecieron otra oportunidad a costa de sus almas.

Fox materializó su espada de ébano y la clavó en el suelo del cuarto.

- Desde entonces siempre han viajado conmigo. Y vieron mis fracasos.

Grondoar ni pudo evitar vomitar, aunque lo hiciera con disimulo. Fury estaba atónita.

- ¿Llevas su almas dentro de tu espada?
- Y las de algunos más a lo largo de mi vida. Pero son todas voluntarias. Jamás arrebataría así el alma de alguien.
- ¿Y por qué? Es decir, ¿de qué te sirven?
- Por repulsivo que parezca, la magia oscura consume el alma de su portador, y algunas incluso las de varias personas.
- Es enfermizo.
- Y no me siento orgulloso de ello. Pero es la oportunidad que ellos me dieron, y la aprovecharé hasta el final…

La vista de Fox se perdió por un instante.

- ¿Pasa algo? – se preocupó Azure
- ¿Cómo no lo he pensado antes?...
- ¿El qué?
- Lo siento, pero he perdido demasiado tiempo.

Su espada empezó a brillar, y un aura morada empezó a emanar de ella. Fox recitó unas palabras inentendibles… y el aura pasó a él, revitalizándolo instantáneamente.

- ¿Has consumido un alma? ¿Estás loco? ¿Qué piensas hacer?
- Es suficiente para poder viajar.
- ¿Adónde?
- Voy solo.
- ¿De qué demonios estás hablando?
- No me importa ya lo que queríais hablar. Con el conocimiento que me habéis dado me es suficiente. Contactad con Edrax y decidle que me retiro.
- ¿De qué?

Mientras Fox hizo un giro de brazos y manos que indicaba que lanzaba un conjuro. Mientras se deshacía en sombras pudo acabar de decir:

- De la orden.

No hay comentarios: