lunes, 12 de marzo de 2012

Hope 13 – Tormenta


Como por sus sospechas ya estaba preparado, el primero en actuar fue Bob. Con una veloz reacción se lanzó contra aquel amenazante guerrero de ojos eléctricos y desenvainó, lanzando así una serie de pequeños fogonazos hacia su contrincante y obligándolo a retroceder de un salto. Lo que no se esperaba es que saltara tan lejos y tan rápido, y que el diera tiempo a contraatacar con un par de relámpagos, uno dirigido a él y otro al resto del grupo. El suyo lo evitó haciéndose a un lado mientras corría hacia su contrincante. El otro iba a impactar de lleno contra Toto, pero en el último momento se desvió hacia la espada corta de Andros, que encajó la descarga resistiendo su efecto con su propia magia.

- Es todo lo que puedo hacer en este momento. Mantendré al grupo seguro, o lo intentaré al menos.

Ray saltó hacia atrás una vez más alejándose hacia otra zona. Bob sabía que le estaba retando, pero no podía permitirse no aceptar.

- Va a ser un combate difícil, ¿eh?

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Cuando pasó al lado de Sharah en dirección a su contrincante ni siquiera se molestó en mirarla. Pasó corriendo mientras ésta encaraba a la que sería su rival, una joven menuda y morena, con un mechón blanco que ahora estaba suspendido en el aire, entre la fuerza de la gravedad y el calor infernal de la ira de quien la miraba a través de esos ojos que parecía que fueran a desprender llamaradas. Unos ojos que la perforaban, que cada segundo que la miraban sentía como si la hicieran arder como un eón de fuego podría hacer arder una brizna de hierba.

- ¿Tienes algo que decir?

Ante el silencio de Sharah, Zoe hizo aparecer en sus manos sus guanteletes dorados, que vibraban de la ira que su portadora les infundía. Se miraron durante unos segundos que parecieron eternos. Entonces ambas hicieron ver por qué eran élites Ein’her y no guerreras normales al servicio de cualquiera. Alrededor de sus cuerpos se concentró un aura de su elemento correspondiente. La de Sharah, potente pero tranquila, girando a su alrededor como un torbellino que congelaba incluso el aire. La de Zoe, agresiva y descontrolada, volando en todas direcciones, haciendo arder hasta las piedras cercanas.

El grupo que no luchaba se alejó de la zona, en parte para investigar, en parte para ponerse a salvo. Una lucha de tres Ein’her no auguraba mucha seguridad.

Entonces Sharah, consciente de la fuerza arrolladora que presentaba esa nueva cara de su ex-compañera, invocó su espada corta, translúcida y brillante como el propio hielo, y cargó primero. Mandó un par de olas de frío en dirección a su ahora enemiga para intentar congelarla, que ésta no intentó esquivar. En cuanto las nubes de frío entraron en contacto con su aura sublimaron y ascendieron al cielo como vapor de agua.

Sharah lo volvió a intentar con un camino de estacas de escarcha, que partió de su mano al tocar el suelo en dirección a las piernas de Zoe, que esta vez no pudo deshacer el hielo y se vio atrapada en cuestión de pocos segundos en una prisión de hielo.

Entonces Sharah se lanzó para atacarla con su hoja, pero dudó un segundo y perdió la concentración. Entonces el hielo reventó en pedazos y recibió un puñetazo en plena mandíbula que casi se la arranca de no tener los músculos fortalecidos por la escarcha. Aún así no pudo evitar salir volando unos metros de espaldas y aterrizar en el duro pavimento empedrado del pueblo del puerto.

Era el turno de Zoe. Dos bolas de fuego impactaron contra los pilares de una casa cercana, haciendo que ésta se derrumbara en dirección a Sharah, que tuvo el tiempo justo de saltar hacia detrás para esquivar, y levantar un fino muro de hielo para parar una tercera bola que casi la acierta en pleno abdomen, pero no para evitarla a ella. Zoe estaba en el aire justo encima suya con un guantelete envuelto en llamas apuntando hacia ella. Pudo conseguir que solo la rozara, abrasándose el brazo izquierdo en el proceso, pero el impacto contra el suelo fue tan enorme que la onda expansiva la mando volando de nuevo hacia atrás.

Se estaba viendo superada por una fuerza de ira y destrucción que era imposible de contener. Y eso era algo muy malo para un mago de hielo. Sin embargo no era una Ein’her por nada. Utilizando una enorme cantidad de poder mágico hizo que la brotaran unas alas de hielo puro que la permitieran volar y ponerse a salvo de los embates del coloso contra el que se enfrentaba.

- Un poder de destrucción realmente temible. Muy a diferencia de tu antigua yo.
- Mi antigua yo no acumulaba tanta ira contra sus enemigos ni los quería reducir a cenizas.
- Hmm… lo comprendo mejor de lo que crees. Sin embargo no puedo morir aquí. Lo siento.
- ¿De qué demonios estás hablando?

Sharah adoptó una pose en el aire, con las rodillas flexionadas, los brazos cruzados hacia delante, y las alas cubriéndola casi por completo, y empezó a acumular todo el poder mágico que la quedaba en sus manos, en las que se formó un remolino helado formando una esfera brillante y, en cierto modo, hermosa.

Sin embargo eso no era nada en comparación a su efecto. El impacto de esa esfera contra Zoe desató todo le poder que contenía congelando todo a su alrededor. Desde el punto de impacto salían carámbanos helados de todos lados, suelo, casas, decoración… todo parecía una enorme caverna de hielo al aire libre, con una reina blanca volando sobre ella.

La onda expansiva a punto estuvo de pillar desprevenidos a Grondoar y el resto, pero antes de que les llegara, los carámbanos se derritieron.

- No puede ser…

Sharah estaba estupefacta ante lo que veía. Una luz rojiza se dejaba entrever en el punto de impacto, mientras que el hielo que cubría toda la zona se iba derritiendo poco a poco acercándose a éste. Poco antes de que llegara sin embargo empezó a quebrarse, y acabó explotando creando una nube de polvo de escarcha, trozos de hielo, y fuego, de la que salió volando una Zoe envuelta en llamas carmesíes brillantes como un sol. Sharah lanzó un chorro de frío con la intención de parar a su agresora pero había gastado todo su poder en el ataque anterior y sirvió de poco. Zoe le dio forma al fuego que la cubría, creando unas alas semejantes a las de un fénix que la permitían impulsarse hasta ella. Sharah quedó indefensa. Los golpes de Zoe se repitieron mientras la remolcaba primero hacia el cielo, y después hacia el suelo. Mientras caía medio inconsciente Zoe la seguía atacando presa de su interminable ira. Cada golpe que la propinaba la hacía creer que la rompía más partes del cuerpo, si es que realmente no era así. Nadie podría sobrevivir a un asalto semejante.

Sharah se encontraba entre los escombros del suelo, rodeada de cascotes que habían salido volando en el impacto, con uno de los guanteletes dorados de Zoe a escasas pulgadas de su cara, un golpe que habría acabado contigo si no hubiera sido frenado.

Lo ultimo que pudo vislumbrar antes de caer inconsciente era el qué la había frenado. El filo de una espada bastarda negra la presionaba el cuello, mientras que el de una espada curvada ancha la podía seccionar limpiamente el brazo estirado con un simple giro.

///////

- ¿Por qué hacéis esto?

La pregunta era evidente. Y mientras Sharah se desmayaba delante suya y desaparecía la enajenación mental no se hizo esperar.

- Los crímenes cometidos por un Ein’her han de ser juzgados por el resto de ellos.
- Muerta no puede ser juzgada.

Fox y Edrax habían llegado en el momento justo de evitar una tragedia. Es cierto que la traición era algo imperdonable, y posiblemente castigado con la muerte, pero no de esa manera.

- No lo entendéis ella…
- Lo sabemos, lo hemos visto a través de un familiar, por eso os hemos encontrado.
- No te dejes llevar por la ira Zoe. El fuego es un gran poder, pero tienes que controlarlo o te consumirá.

Realmente había perdido el control. No recordaba más que trazos del combate. Y una infinita ira que no sabría ni empezar a comprender.

- Haced lo que queráis…

Zoe se apartó de las hojas de sus compañeros y se dirigió al barco, alejándose de allí.

- Ahora queda lo más divertido – dijo Edrax mientras se dirigía donde estaban combatiendo Ray y Bob.
- Déjamelo a mí…
- Te supera Fox, en serio llevate a Sa…
- Déjamelo a mí……..

Ante la voz de ultratumba de su compañero Edrax se dio la vuelta y comprendió en seguida de que se trataba. Las ropas y el pelo de Fox estaban suspendidas en el aire, como si no estuvieran es ese mundo en ese momento y lugar. Fox estaba recordando… no, estaba reviviendo la masacre de Val’hal en su cabeza, en la que vio como muchos morían a manos de otros compañeros, pero sobre todo se acordaba de Ray, aquel que abrió la puerta a la traición, aquel que puso en bandeja de plata su hogar a Matheus. Sin embargo no era una ira como la de Zoe…

- Cálmate amigo. No fue culpa tuya ya lo hemos hablado muchas veces. Y no busques ese sentimiento o te perderás en…
Fox ya no estaba allí.

///////

Bob estaba aguantando bastante bien el tipo con alguien que se suponía muy superior a sus habilidades. Había conseguido rozarle un par de veces aun con su diferencia de velocidad y gracias a su armadura arcadia resistía los relámpagos de su enemigo. Sin embargo no veía que la pelea fuera a dar mucho más de sí.

- He de reconocer que para ser un humano eres bastante diestro. Supongo que por eso tenían tanto interés en unirte a sus filas.

Los embistes de Ray eran extremadamente rápidos, Bob aun no sabía cómo conseguía pararlos o esquivarlos.

- Sin embargo eso no es suficiente.

Uno entró.

La hoja penetró de punta por el hueco de la armadura de la axila, perforándole el hombro y añadiendo una descarga eléctrica que anuló el sistema nervioso, dejándole el brazo derecho inútil.

- ¡Argh! – el dolor se amortiguaba por el fallo en el sistema nervioso, pero no hacía que resultara ni mucho menos placentero.

El siguiente perforó su rodilla desde atrás, haciéndole caer de una pierna.
El siguiente iba directo a su garganta.

La angustia se apoderó de él. Sintió un pesar como nunca había sentido. Le revolvía las tripas y tenía ganas de vomitar pero no podía porque tenía demasiado miedo como para moverse. Sudaba goterones fríos que le empañaban la vista, y sentía como si estuviera dentro de una pesadilla. Miró a su contrincante a los ojos. Y comprobó que él sentía lo mismo, solo que en sus ojos se reflejaba que entendía por qué. Se separó de él. Se dio la vuelta. Y se puso en guardia.

- Este es el pesar de las almas que ayudaste a matar en Val’hal, Ray.

La noche ya había caído y no se veía apenas. Las nubes y el efecto climático de la lucha entre fuego y hielo hizo que empezara a llover. Desde donde se adivinaba la voz sólo se veía una silueta oscura en la que repicaba la lluvia al caer, y de la que salía ese aura sombría que hacía que les invadieran esos sentimientos.

La voz de Fox reverberaba, dándole un tono de ultratumba, más grave, más lúgubre, y más amenazador. Ray temblaba como si fuera un niño pequeño. Bob luchaba por mantenerse consciente.

- Este es el camino para que descansen en paz.

Sus ojos brillaban con fuerza, con un color morado que recordaba al fuego fatuo de los ritos y los conjuros de los hechiceros. La oscuridad circundante hacía que parecieran los ojos de una entidad del abismo que les acechaba desde las sombras.

- ¡No me das miedo!- bramó Ray mientras lanzaba un relámpago en dirección a los ojos, que se hicieron a un lado tranquilamente y dejaron pasar el ataque a su lado. Ray entró en una cólera salvaje y empezó a atacar a discreción. Los rayos que lanzaba caían en todos lados y calcinaba la tierra y la superficie de cuanto tocaba, mojada por la lluvia como estaba.

- Nunca conseguiste un buen rango entre los Ein’her. ¿fue esa la razón por la que nos traicionaste?
- ¡¡Cállate!!

Los relámpagos caían y rebotaban pero ninguno daba en su objetivo.

- ¡Tú no sabes nada!
- ¿Te crees el único que ha entrenado estos años?

Fox se puso en movimiento a una velocidad inigualable. No era normalmente tan rápido como Ray, pero el miedo de éste le restaba facultades, y en plena oscuridad las suyas se incrementaban. Parecía estar en un sitio y al segundo después estaba en otro. Delante detrás, izquierda, arriba… parecía incluso que hubiera más de uno… Hasta quela sensación de angustia desapareció. Ray se puso en guardia pero fue fútil.
 Fox incrementó su velocidad pero ahora también golpeaba a Ray cuando pasaba a su lado. Los cortes iban apareciendo por su cuerpo como si se los estuvieran pintando en ese momento. Eran superficiales pero eran heridas, y toda herida dificultaba el combate.

Ray intentaba bloquear algún ataque con su doble hoja, pero de poco servía. Fox le asediaba y le debilitaba. Ray sentenció su suerte en el momento que cayó sobre una rodilla. Fox se plantó delante de él y con un tajo ascendente cargado lo mandó por los aires. Sin embargo en vez d quedarse ahí se impulsó y le siguió por las alturas, asediándole de nuevo, dándole un tajo cargado descendiente que lo envió camino del suelo, y finalmente dándole otro en el momento que impactaba contra él.

Ninguno de los cortes era mortal. Pero le había roto los dos brazos y un par de costillas.

- ¿Cómo lo has hecho?- Edrax acababa de aparecer y había visto a Fox haciendo desaparecer su espada y a Bob y a Ray inconscientes en el suelo.
- Infundí miedo. Ya sabes, con oscuridad, era fácil con este tiempo en la noche. Gracias a eso no perdí el factor sorpresa y acabé rápido antes de que se recuperara.
- Si te hubiera dado con un solo relámpago tan expuesto y empapado como estás hubieras quedado reducido a polvo.
- Eso me temo que ha sido suerte. No esperaba que pudiera lanzar tantos ataques así, pero gracias a los dioses no apunta demasiado bien.

Fox se puso de rodillas y respiró.

- ¿Estás bien? ¿Te ha dado?
- Sí, ero sólo de refilón. Como he dicho ha sido pura suerte. Y usar tanta magia nada más recuperarme me va a costar otros tantos días de cama me temo… - Fox dejó la frase suspendida mientras caía desmayado al suelo.
- Dioses, la de trabajo que me dais.

Edrax cargó con Bob y Fox hasta el barco, donde estaban todos esperando. Cuando volvió donde estaba Ray había desaparecido, igual que Sharah.

- ¿Y ahora que hacemos? – preguntó Grondoar
- Tenemos dos convalecientes y un barco que no sabemos manejar. Lo mejor será buscar un sitio para descansar.
- El castillo no es válido. Demasiados ojos. Y demasiado cerca del bosque. – puntualizó Andros, como leyéndole la mente.
- No nos queda otra que ir al siguiente pueblo – dijo Andros mientras encaraba el camino hacia el este
- Dirección Arcadia pues.

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