Unos días después de alcanzar la Torre de Cristal, decenas de personas la observaban desde abajo.
Fox andaba descansando mientras comía un poco para reponer fuerzas cuanto antes. Crear un portal siempre es agotador y complicado, pero en esa situación era además extremadamente peligroso. Si se le hubiera deshecho el hechizo de resguardo contra el frío que ahora todos llevaban podría haberse quedado congelado en segundos.
El portal conducía a un claro en el bosque cercano a la base de los grupos rebeldes, así pudieron avisar y recoger a la gente que necesitaban. Habían ido Zoe, Bob, Alexandre, Blaider, Grondoar, Fury y 14 guerreros más, entre los cuales había alguno nuevo, y alguno que ya había visto antes en la base entrenando. Sharah se quedó allí con ellos aun con el cansancio para proveerles de resistencias mágicas y para controlar que todo iba como debía.
Edrax y Andros se habían quedado en la base por si cualquier circunstancia y Toto dijo que prefería quedarse entrenando. Fox estaba sentado comiendo mientras observaba los progresos del chico, que a decir verdad eran bastante rápidos. Se movía con bastante fluidez y ya no se cortaba a si mismo cuando giraba y cambiaba de manos, aunque aun se le escapaba la espada alguna que otra vez.
Fox sólo esperaba que no hubiera ningún problema en la torre, ya que aún no disponía de fuerzas para llegar al claro siquiera. Solo podía confiar en esas personas que hasta hace apenas una semana creía muertas.
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- La idea es simple.
Sharah se disponía a contar el plan mientras los demás se disponían a escucharla.
- El hielo de la torre no es completamente natural, si no también mágico. Por lo tanto, no vale con solo prenderla fuego hasta carbonizarla. El fuego ha de ser mágico, y tan potente como para contrarrestar la magia de hielo y reencender el generador. Cuando el hielo se comience a derretir procederemos a entrar y matar todo lo que encontremos antes de que acaben de despertarse. A todos menos a uno, que yo misma mantendré congelado.
La gente allí congregada entendía el plan perfectamente, pero aún con el hechizo de resistencia ya empezaba a notarse caras de cansancio y temblores. Deberían darse mucha prisa.
- Bob, Zoe. Dependemos de vosotros. Yo intentaré ablandar un poco el hechizo de hielo y mover algunas placas, pero es cosa vuestra el derretirlo completamente.
- De acuerdo, haré todo lo posible.
- ¡Eso esta hecho!
La vivacidad y el ímpetu de Zoe contrastaba un poco con la diligencia de Bob, pero seguramente se debería a la educación de cada uno.
En seguida se pusieron cada uno a cada lado de la torre, algo alejados pues no era tan delgada como pretendiera parecer desde lejos, y dieron lugar a una de las obras más impresionantes que pudieran haber visto la mayoría de los allí presentes.
Bob desenfundó la espada, que levantó en alto y prendió de un fuego rojizo e intenso, lanzando pequeñas llamaradas en la punta, que hacía que parecían dientes, recordando así la hoja un poco a la lengua de un dragón.
Sin embargo Sharah sentía más curiosidad por qué haría Zoe. Cada Ein’her tenía un arma única, adaptada a su elemento, personalidad y forma de combate, como su espada corta de hielo, adaptada para cortos combates cuerpo a cuerpo, congelando heridas, permitiéndola canalizar conjuros fuera del alcance de sus enemigos. La Zoe que conocía, Ein’her de agua, utilizaba un tridente afilado que usaba para atacar a media distancia y controlar el agua al mismo tiempo. Ahora sentía curiosidad por que haría.
Zoe extendió los brazos hacia abajo, y acumuló fuego en sus manos. Cuando dos grandes bolas se habían formado, cerró las manos y entrechocó los puños entre sí delante de su cuerpo. Donde antes había unos guantes negros ahora se hallaban un par de guanteletes dorados, de forma amenazadora, cubiertos de grabados y púas, recordando a unas garras envueltas en un fuego arremolinado que cada vez era más intenso. Como las garras de un fénix.
En ese momento ambos clavaron sus armas, espada y garras, en los costados de la torre y de esas heridas empezó a brotar el fuego, que se fue arremolinando y entrecruzando entre ellos mientras subía hacia lo más alto, dejando la torre con el aspecto de una lanza de hielo trenzada de fuego.
Sharah se dedicó entonces a sentir las placas de hielo que empezaban a desprenderse y las iba moviendo para dejar paso al fuego a zonas interiores.
Y en esto, apenas una hora después de empezar, la puerta ya empezaba a perder agua.
- ¡Vamos mucho más rápido de lo esperado! ¡Estad preparados!
Nadie protestó ni dijo nada ante la noticia. Puede que por el frío o por que deseaban entrar en acción. Pero en cuanto la puerta quedó abierta no hubo quien se quedara atrás, excepto los tres hechiceros.
Entraron a tropel para llegar al calor, pero en cuanto estuvieron dentro Alexandre ordenó los grupos y los fue mandando a distintos sitios. Grondoar y Fury irían a los subterráneos a buscar el generador, mientras que Blaider y él irían arriba a buscar al hechicero que les habían ordenado mantener con vida. Mientras tanto los soldados iban acabando con lo que iban encontrando, ya fueran demonios o humanos, congelados, ya fuera rompiendo el hielo por el cuello o simplemente clavando sus armas en la cabeza. Algunos demonios podían regenerarse así que usaban esa forma para poder evitarlo.
Sharah también entró poco después para ir a por el hechicero, mientras que Bob descendía al generador y Zoe quedaba en el interior de la puerta como medida de seguridad.
Por suerte no tardaron mucho en encontrar el generador, y Bob puedo ponerlo en marcha con un poco del fuego de su espada, por lo menos mientras estuvieran allí dentro.
Sin embargo escaleras arriba no tenían tanta suerte.
- Está muerto… ¡Mierda!
Sharah maldecía mientras observaba al hechicero jefe de aquel lugar seccionado en más de un par de partes congeladas.
- Ha debido caerse de algún lado al descongelar este sitio – pensó Alexandre.
- Supongo, pero ahora no se qué hacer.
- ¿No podemos coger a otro hechicero? Tampoco sabemos para qué lo queríais.
- Sí podemos probar, nos llevaremos a ese – señaló el que Blaider estaba a punto de disparar en la cabeza, que miró y asintió mientras guardaba su rifle en la espalda.- Vinimos a por información, y el que más disponía era este hombre. Ahora tendremos que rezar para que este otro nos sirva de algo.
- Información de qué, si se me permite preguntar.
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Fox se alegró cuando vio volver a todos sanos y salvos, algunos con alguna que otra ampolla, pero capaces de valerse por si mismos. Se dio cuenta que era la primera vez que sentía alivio por algo desde hacía mucho tiempo, y eso le extrañaba. Sin embargo poco le duró cuando vio que el capturado no era quien esperaba.
- No todo puede salir perfecto supongo. Zoe, ¿podrás descongelarle?
- Puedo intentarlo.
Esta vez puso sus manos enguantadas encima del cuerpo del hechicero mientras calentaba la superficie del hielo, esta vez sin fuego de por medio, sólo con el contacto y energía calorífica. Al poco el hielo se empezó a resquebrajar, y cuando se hubo descongelado, Zoe preparó un hechizo curativo rápido y lo usó con el cuerpo del hombre, que empezó a convulsionarse primero, y empezar a respirar después.
En ese momento Fox cerró los ojos, susurró algo y… cuando volvió a abrir los ojos los tenía completamente negros. Era una imagen espeluznante para quien no lo hubiera visto con anterioridad. De esta forma, con ese hechizo tan oscuro y en cierta manera repulsivo, Fox puedo entrar en la mente del hechicero, que empezaba a despertar, y buscó aquello que buscaba… sin suerte.
Cuandó volvió a parpadear tenía los ojos normales de nuevo. En ese momento Sharah convoco su espada corta y la clavó en el cuerpo del hombre, cuyas venas empezaron a tornarse azules y que quedó quieto en cuestión de segundos, esta vez para siempre.
Antes de desmayarse a causa del esfuerzo, Fox puedo compartir con los demás lo que había encontrado, que si bien no era su objetivo principal, podía serles de utilidad.
- No conocía el paradero de la fortaleza del Rey, pero si la existencia de algo que puede hacernos mucho bien, o mucho mal. El hechicero líder tenía un libro en el que anotaba todo, incluidas tareas propias y de sus acólitos, e incluso algunos hechizos que usaba para lavar el cerebro a los que se resistían. Si lo encontramos podemos salvar muchísimas vidas, y puede que averiguar lo que queremos.
En ese momento Sharah sacó algo de su bolsillo. Una libreta de cuero negra cubierta de escarcha y llena de jirones y roturas.
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