- Y eso es todo.
Fox evaluaba cada una de las palabras de la historia de Sharah en busca de alguna pista que le ayudara, pero los contactos que decía había tenido con los demonios desde que huyó con vida de Val'hal habían sido únicamente pistas falsas o búsquedas inconcretas. Según le comentaba mientras andaban dirección norte, más allá de la Cordillera Nevada, buscaba fuentes de energía elemental, confiando en encontrar en algún momento algún superviviente escondido o algún nuevo aliado, cosa bastante difícil en esos tiempos.
- ¿Y por qué vamos al norte?
- Vamos a la Torre de Cristal.
- Allí no hay nada más que un carámbano de hielo gigante. Recuerda como lo dejamos cuando lo atacamos.
- Lo recuerdo perfectamente. Recuerda tú ahora cuanta gente había ahí dentro.
- Pues había bastantes magos y adoradores de los demonios.
- Entonces adivina por que vamos allí.
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Era un cambio agradable tener a alguien tan vivaz al lado. El cambio con Fox era como de un día gris a un arco iris… aunque todo tenía un límite. Zoe llevaba horas hablando, y ya deseaba llegar a la guarida rebelde solo para tumbarse y que se le pasara el dolor de cabeza.
También era cierto que sentía una enorme curiosidad por ella y que algunas cosas que había dicho resultaban muy interesantes, como el hecho de que al ser una con el fuego ahora podía notar otras fuentes de esa energía cerca, por lo que resultaría muy útil para prevenirse de trampas y emboscadas de demonios, pues casi todos usaban el fuego.
Es cierto que en su momento, haciendo misiones de Val’hal con ella había notado que para ser una maga de agua se enfurecía con facilidad, y alguna vez se había llegado a descontrolar, pero no hubiera imaginado que era por que había dos energías en su interior. La calma y la furia, el agua y el fuego. El poder de esa chica resultaba ahora bastante temible.
/////
- ¡Andros! ¡Andros!
El joven explorador llegaba corriendo con cara de emergencia, cuando se topó con Bob al lado de su “jefe”. Después de mirar a Bob un momento Andros le instó a hablar.
- Blaider, este es el Teniente Bob. Tu no le llegaste a conocer, pero es el fundador de los grupos rebeldes, o al menos del nuestro. Él es el líder, y es a él a quien tendrás que avisar a partir de ahora.
- Entendido – aunque el joven explorador no parecía muy convencido.
- Ahora habla por favor.
- Si. Se acercan 2 figuras por el norte. No son los dos nuevos. Una se parece pero la otra figura es más pequeña.
- Vamos a ver.
Mientras marchaban al puesto de observación, colocado entre las afiladas dagas de la montaña, Bob se fijó en el explorador, y así mismo en otros muchos reclutas. Aunque era joven era más alto que él, y aunque no parecía tener una gran fortaleza física si parecía bastante ágil. Portaba un rifle con mira telescópica, muy raro de encontrar ya, y algún arma de pólvora mas en cartucheras. Parecía experto en armas. También se fijó en otro recluta, Toto, que andaba practicando con la espada, pero no de un modo convencional, si no menos rígido, más fluido, y omitiendo una regla fundamental de los espadachines como Bob, dando la espalda al enemigo en múltiples ocasiones mientras giraba rápidamente sobre sí mismo para atacar desde todos los flancos, igual que hacía aquel sombra.
- Tienes jóvenes prometedores aquí dentro, Andros. Tampoco has perdido el tiempo.
- Esperamos bastante de ellos. Al fin y al cabo son nuestra próxima generación.
Ese comentario hizo ver a Bob que aunque no eran ni mucho menos mayores, pues rondaban los 30 años, la esperanza de vida en guerra con criaturas y magias que no acababan de comprender se reducía drásticamente, y hacía urgente para los soldados encontrar reemplazos. Era una situación bastante dura, pero era lo que había.
- Es cierto, no concuerdan – Andros acababa de mirar por el catalejo y confirmaba la sospecha de Blaider.- Cogeré un par de hombres y…
- No, espera. Dijiste hace un momento que yo era vuestro líder, déjame comportarme como tal. Tu quédate atrás y estate alerta.
- De acuerdo.
- Alexandre cubre desde el otro lado, Toto, Grondoar, Fury venís conmigo.
- ¡Eh, eh, eh! ¿Crees que voy a seguir las órdenes de un tío que casi me mata de inanición en una celda? – Grondoar no estaba contento.
- Por favor, tranquilo. Hagamos caso, ¿de acuerdo?
Fury tenía el extraño don de calmar a Grondoar, y de hecho funcionó. Aunque a regañadientes les acompañó. Aunque no solo por eso llamaba la atención del joven teniente. Tenía una mirada fría, como la de una asesina. Se preguntaba cuanto habría tenido que vivir esa chiquilla para tener una mirada como esa a su edad.
Salieron por el pasillo teniendo cuidado con las agujas, y esperaron a que las dos figuras se acercaran. En la distancia se pudo adivinar a Edrax como una de ellas, pero la otra seguía siendo un misterio, aunque a Bob le resultaba extrañamente familiar. Sin embargo, según se iban acercando, un desasosiego se iba apoderando de él, pues la otra figura emanaba un aura de furia como nunca había notado antes, excepto de él mismo, y de los demonios.
- Es un usuario de fuego. Es otro mago – y dicho esto desenfundó su espada, dio unos pasos al frente, y esperó en posición de guardia.
Sin embargo, cuando consiguió ver la cara de la otra persona, no le quedó más remedio que enfundar, y disculparse con ellos.
- Perdonadme, al no reconoceros nos pusimos en defensa. Pensaba que estabas muerta, y que eras una maga de agua y no de fuego.
- Muchas cosas han pasado desde que nos conocimos en Val’hal, Bob. Pero siempre es un placer volver a verte… cuerdo.
Todos se relajaron cuando vieron que eran amigos, e incluso algunos se emocionaron al ver que disponían de un nuevo aliado, y por lo visto igual de poderoso que Fox y Edrax, el cual entraba ya al refugio, mientras comentaba a Bob que Fox iba hacia el norte, en búsqueda de información, y en compañía de otro aliado más.
Era evidente que estas palabras animaron aún más a los que lo escucharon. Sin embargo el semblante de Bob se endureció. Sería joven, pero tenía la suficiente experiencia en la vida y en la guerra como para desconfiar de las casualidades. Fueron a por fuego y lo encontraron. Un objetivo secundario en una misión es aceptable, pero un objetivo primario extra, sin ni siquiera tener idea de él… o era el mayor golpe de suerte de la historia, o algo le olía mal. Y la presencia de Zoe no le ayudaba a encontrarse mucho mejor.
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Pasaron la Cordillera Nevada con algunas dificultades, y se adentraron en las Tierras Inhóspitas. Se llamaban así pues pasadas las montañas no se aventuraba nadie más que algún explorador y buscafamas, ya que nada podía sobrevivir en una tierra completamente congelada y sin vida. La tierra estaba cubierta de una nieve perenne tan blanca que hacía daño mirarla, soplaba un viento tan gélido que hacía sentir que te iba a cortar en pedazos, y la luz se adivinaba sobre las oscuras nubes que cubrían siempre esos cielos y sepultaban aquella tierra constantemente.
Y sin embargo allí estaba, la Torre de Cristal. Recibía ese nombre por que al estar en el punto más septentrional del continente, siempre estaba congelada por fuera, rodeada de escarcha, que le daba el aspecto de que estuviera hecha de hielo, mientras que por dentro se mantenía caliente gracias a un generador de calor que funcionaba con la magia de los que allí residían, demonios y magos adoradores del fuego y la oscuridad. Un escondite perfecto para investigar y aprender magia, pues nadie nunca hubiera imaginado que algo podía existir én esa parte del mundo.
Eso era antes. Desde que Fox y Sharah lo atacaran antes del levantamiento de los demonios, interrumpiendo el generador, y asolándolo con una ventisca que hacía que pareciera mas un témpano gigante que una torre.
Sharah estaba tan normal en ese ambiente glaciar, pero a Fox ya le costaba un poco aun con un hechizo de resistencia al frío.
- Bien ¿y ahora qué?
- Descongelémosla.
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