miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hope 11 – Metrópoli

Ahí estaban, marchando en una expedición hacia Metrópoli, donde, según el libro negro de hechizos de la Torre de Cristal, tenían ciertos artilugios mágicos procedentes del reino sureño de Arcadia, su tierra. Como príncipe de allí no podía tolerar que se traficase con sus materiales y sus bienes, y aunque no podría aparecer por allí en algún tiempo, lo que sucediese fuera del reino era otro cantar.

- ¿Cuál es el plan, “amado líder”?

La ironía en las palabras de Andros eran evidentes, y comprensibles. No había vuelto hace mucho y ya estaba encabezando una campaña. Y con órdenes de guerreros externos a los grupos rebeldes, para adornarlo aún un poco más.

- Según la traducción y lo que nos ha contado Edrax las mafias se juntan en los muelles. Tendremos que pasar desapercibidos hasta la noche, y entonces acercarnos a fisgonear por allí.

Parecía muy confiado contándolo mientras viajaban en el carro, pero a Bob no le hacía ninguna gracia esa ciudad. Era la acumulación de todos los avances tecnológicos conseguidos. La centralización de todo lo moderno. La corrupción de las personas por la codicia y el poder de una ciudad sin ley. Allí no había orden, sólo el que deseaban las mafias que hubiese. Ni siquiera los demonios hicieron nada a la ciudad, no hizo falta. Se aliaron con las mafias para conseguir lo que querían y a cambio dejaban la ciudad como estaba, aunque quizá fuese mejor con el cambio de poder.

A Andros tampoco le hacía mucha gracia la expedición, pero se ofreció voluntario para apoyar a Bob. Aunque pareciera que aún le tenía rechazo, lo cierto es que se preocupaba por él. Cuando estuvo a la cabeza del grupo central cometió errores que no debería haber cometido, a causa del estrés y la inexperiencia. Pero también tuvo elecciones acertadas como la de acabar con Groen. Ahora que podía quedarse en segundo plano estaba más relajado y libre para actuar.

- Edrax es originario de esa ciudad, ¿no?
- Así es. Era el hijo del jefe de una de las mafias.
- ¿Y qué pasó?
- No es certero, pero por lo que dejó caer diría que su situación hizo despertar su poder. Es uno de los pocos Ein’her que despertó su poder de golpe. Después de eso en el ataque de locura propio del despertar acabó con la mafia de su padre.
- ¿Él solo?
- Si alguna vez ves el despertar de un mago, te aconsejo que corras.
- ¿Y cómo acabó?
- Como en casi todos los despertares, fue un Ein’her a acabar con su ataque de locura y llevarlo a Val’hal.
- Debía ser muy poderoso para frenar algo así.
- O muy loco. Aún en estos tiempos sigue teniendo por meta cumplir su juramento como Ein’her. Fue Fox el que lo frenó, y casi muere en el intento.
- Recuérdame que nunca les lleve la contraria a ninguno de esos monstruos.
- Esos monstruos como tú los llamas nos están ayudando. – Toto, que iba con ellos, se metió de repente en la conversación, enfadado por el comentario de Andros.
- Pero siguen siendo monstruos. Algo que no podremos llegar a derrotar nunca ni tu ni yo.
- No son así por que lo desearan Andros. Fue un don, o una maldición, que les fue impuesta. Ellos mismos se ven como algo antinatural, por eso siempre han estado apartados del mundo. Nunca lo olvides.
- Sí, perdón.
- ¿Qué tal llevas tu entrenamiento Toto?
- Bien, no se, voy mejorando, creo…
- ¡Venga ya chaval, que et he visto, anda que no has mejorado en este tiempo que has estado con Fox! – la energía del comentario y de la palmada que le propinó Grondoar en la espalda casi el tiran del carro.
- ¡Au! No seas tan bestia.
- Perdón. Me olvidaba que estás a medio hacer.
- Déjalo tranquilo anda – como siempre Fury acompañaba a Grondoar. Aunque esta vez los dos iban con un aspecto… y una cara distinta. Fury iba en un traje de parches de cuero de combate ligero cuerpo a cuerpo, y una mirada muy seria en la cara. Grondoar por el contrario iba con ropa normal y una chaqueta de cuero, y una expresión como de júbilo en la cara.
- Pareces feliz Grondoar.- Inquirió Bob
- Yo también soy de esa ciudad. Llevaba una vida muy dura, pero tranquila, hasta que aparecieron los malditos demonios. Esta es la primera vez que vuelvo desde entonces, y me apetece machacar algunas caras.
- No te aceleres demasiado. No teníamos intención de traerte, pero os colásteis los dos a la fuerza. Tenemos que pasar desapercibidos, por lo menos hasta esta noche.

Incluso Bob llevaba ropas formales, dejando la armadura y als espada en un fardo ene l carro.

- Estamos a punto de llegar.

Blaider les avisó desde el puesto de conductor. Iba tirando de un caballo robusto y fuerte, que lamentablemente tendrían que dejar libre en cuanto llegaran a la ciudad, pues no era lugar para ese animal. Bob sentía una gran admiración por esos animales, fuertes, serenos, leales a su amo si este le sabe tratar, y grandes compañeros de armas. Una pena que casi todos desaparecieran con la llegada de los demonios.

Cuando estuvieron a suficiente distancia de los edificios en ruinas que suponían los límites de la ciudad, liberaron al caballo, que echó a correr hacia la libertad bajo la mirada de Bob, que ya sujetaba su fardo por encima del hombro.

- Vamos. La gran ciudad nos espera.

//////

- Sigue inconsciente.

Elo informó a Edrax al salir de los aposentos de Fox. Edrax se lo agradeció con un gesto de cabeza.

- ¿Seguro que está bien así? No parece que estés muy convencido de lo sucedido.
Elo era una mujer de gran experiencia. Media estatura, medio peso, ojos y pelo castaño… no destacaba a simple vista en nada, pero eso era hasta que la conocías. Era joven aún, tendría 26 o 27 años, pero en ese tiempo había estado en multitud de situaciones y siempre había logrado salir de ellas. Se unió a los grupos rebeldes casi al principio, y demostró ser una aliada muy útil. Conocía estrategias militares, medicina e incluso psicología. Seguramente ese amplio abanico es lo que la permitió sobrevivir a las guerras, estando siempre tan metida en ellas. Era una antigua estratega de las guerras arcadias.

- No me mires así sabes que digo lo que pienso. Es mi trabajo.
- Sí lo sé, y te lo agradezco. No sé como puedes soportar meterte en una guerra tras otra, y más de tal magnitud.
- Que yos epa no estábamos hablando de mí.
- Cierto – Edrax no puedo disimular una pequeña sonrisa, aunque llena de cansancio.- No había otra opción. Alguien se tenía que quedar aquí para defender la base y al inconsciente que no sabe gastar el poder mágico justo y necesario.
- Tenemos al ogro.
- Bueno dos mejor que uno. Los que están entrenando aún no son rival para los demonios, y habiendo estado Bob junto a ellos nunca se puede descartar una filtración de información.
- ¿Es eso lo que realmente te preocupa?
- … ¿siempre eres tan perspicaz?
- Sólo cuando se ve desde kilómetros de distancia.
- Ya… no, lo cierto es que temo un topo.
- ¿Aquí en la base?
- Sí. Pero sólo es un miedo superficial.
- ¿Y a que ha venido lo de enviar a tus compañeras tras la comitiva?
- Me gusta tener todo controlado.
- Y yo que pensaba que era Fox el que te daba órdenes.
- Ya no existen los rangos entre nosotros, sólo el ideal y la misión. Cada uno tiene sus ideas y las compartimos, si estamos de acuerdo, las acatamos, nada más.
- Tienes menos experiencia que él y hablas como un verdadero líder. Me sorprende.
- Hemos tenido que pasar por muchas cosas. Cada uno coge la experiencia de una forma distinta.
- Bueno. Si quieres mi opinión, has hecho lo correcto.
- Sé que lo opinas, por que si no me hubieras corregido en el acto.
- Empezamos a conocernos bien señor Ein’her.- dijo Elo mientras se alejaba de espaldas a Edrax.

Edrax seguía pensativo aun después de largo rato. Había algo que no le cuadraba, y todo desde que apareció el libro de hechizos. ¿Por qué las mafias? ¿Por qué Metrópoli?

- Fox… despierta pronto.

//////

Habían estado todo el día investigando por la ciudad, aunque no había mucha gente y la poca que había no era muy amigable.

Se habían permitido descansar a cenar algo en un bar al que les llevó Grondoar, que por lo visto iba allí a tocar música antes de irse de la ciudad. Al principio pareció alegrarse de ver al dueño, pero luego se ensombreció la cara cuando estuvo hablando un poco con él. Al parecer un amigo suyo, con el que vivía allí, despareció también al inicio de los problemas con los demonios.

Cenaron y escucharon como Grondoar recordaba tiempos tocando la batería, una serie de tambores de distinto grosor y platillos metálicos que emitía distintos sonidos conformando un ritmo acelerado pero agradable.

Y después… bueno, nadie dijo que fuera a ser fácil pero…

- No entiendo como podéis ser tan débiles y haber sobrevivido tanto… ¡¡JAJAJAJA!!

La risotada del demonio no permitía escuchar ni el oleaje estrellarse contra los muros del muelle. Habían sido emboscados por un grupo de varios demonios, quizá media docena, y no habían podido ni defenderse. Antes de que se dieran cuenta ya estaban en el suelo como quemaduras por varias partes del cuerpo.

- No se qué es lo que buscabais por aquí, o que pretendíais encontrar, pero fuera lo que fuera no vais a llegar más lejos.
- Gracias por aparecer, aunque mis chicos se podía haber encargado perfectamen…
- No creo haber dicho que te dirigieras a mí.

La mirada del demonio al pronunciar esas palabras hicieron que el magnate traficante de lo que fuera que estuviera traficando se callara y se echara para atrás. No era una irada amenazadora, ni amenazante. Era una mirada cargada de locura. La mirada de un loco psicópata que no puede pensar en otra cosa que en víctimas. Y lo había demostrado tumbando él solo a dos de ellos. Ninguno de los seis era capaz de plantar cara, y estaban o bien tumbados o de rodillas.

- Bueno creo que ha llegado el momento de acabar con vosotros.
- ¿Por qué? Esta es una ciudad libre de demonios. ¿Qué hacéis aquí? – se atrevió a preguntar Bob.
- Oh vamos, no creas que voy a hablar de eso. No soy tan estúpido.
- Bueno ya me has dicho que una razón tenías.
-.. maldito sabelotodo, tu caerás primero.

Pero antes de que se acabara de formar la bola de fuego en sus manos, una corriente gélida se extendió por el suelo hasta alcanzarle, congelándole la pierna y parte del abdomen.

- ¿QUÉ DEMO…?

Antes de que acabara la frase un guantelete dorado le rompió la mandíbula, y le mandó volando varios metros sin una pierna, que se quedó congelada en su sitio.

- ¡¡AAAAAAAAHHH!! ¡¡ATACAAAD!!

El resto de demonios se dispusieron a contraatacar a las nuevas invitadas, pero lo primero que se encontraron fue un puño, humano, de tamaño algo desproporcionado, lanzando a otro demonio para atrás, aunque no con tanto ímpetu como el anterior.

- Nadie pega a una dama en mi presencia.

Grondoar se hallaba ahora tan grande como era entre los demonios y las dos Ein’her que habían aparecido. Fury se levantó y se puso en seguida a su lado, lista para el combate. Bob se puso de rodillas y preguntó a las recién llegadas qué hacían allí.

- Creo que Edrax acertó pensando que podría pasar algo. Sólo vinimos de escolta, pero creo que os ha hecho falta. – explicaba Zoe. Sharah parecía más concentrada en los demonios que en los heridos.

Toto también se había levantado y ahora estaba en posición de espera con su espada, de tamaño intermedio entre dos y una mano, como la que utilizaba Fox. Andros y Blaider se situaron cerca de Bob, a la espera.

Los demonios estaba furiosos, y su líder colérico por la humillación.

- ¡¡MATADLOS!! ¡¡MATADLOS A TODOS!!

Se dividieron entres la vanguardia. Dos fueron a por Grondoar, dos a por Toto, y uno a por la chica. Craso error. Fury se adelantó a los movimientos de su contrincante, cargó hacia delante, esquivó el golpe y con sus dos dagas degolló por partida doble al desventurado y confiado demonio, que gorgoteaba sangre mientras intentaba hablar, y se desplomaba contra el suelo agonizando. Un movimiento certero y temerario, ejecutado de forma impoluta y, en cierta manera, bella por los movimientos fluidos de la chica, cuyo frío rostro no cambió en ningún momento, y que ahora miraba a uno de los dos demonios que cargaban contra Toto.

Éste ya había adquirido cierta experiencia y sabía lo que tenía que hacer, buscar el uno contra uno, así que cuando el primero lo alcanzó, se agachó para evitar el golpe, y de un tajo bajo hirió al demonio en el tobillo, lo que le obligó a retroceder, momento que aprovechó Toto para saltar hacia atrás y colocarse esperando la segunda carga. El segundo ya suponía un uno contra uno. Intercambiaron golpes, heridas, y sangre. Aún no era un experto guerrero pero había aprendido bien. Aunque estuviera magullado, resollando y sangrando, había conseguido asestar un golpe de gracia en el pecho de su contrincante. Fox le había enseñado bien. Cuando intentó vislumbrar al primer demonio que lo atacó, lo descubrió en el suelo, acuchillado al lado de una Fury que también parecía tener algo roto. Acto seguido se desmayó.

Grondoar era otro cantar. No solo era grande, fuerte y resistente, si no que lo que hasta ahora nadie sabía, es que controlaba el elemento tierra. Daba forma a unos nudillos en sus manos para atacar aún con más brutalidad si cabe, endurecía partes de su cuerpo que iban a recibir golpes, y formaba un pequeño muro delante de él con la tierra del suelo para defenderse de las bolas de fuego. Era evidente que ya había luchado con demonios antes, y bastantes veces. Zoe decidió echarle una mano y entre los dos acabaron a puñetazo limpio con sus dos contendientes.

Ya sólo quedaba el psicópata.

- Sois fuertes… sois muy fuertes… ¿¡POR QUÉ SOIS TAN FUERTES!?

Durante un momento se quedó con la boca abierta como ensimismado en sus pensamientos, y de repente se echó a reír.

- JAJAJAJAJAJAJA… AAAAAAAJAAAJAJAJAJAJAJA
- ¿Qué diantres..? - empezó a preguntar Blaider
- ¡¡TRAICIÓOOON!! ¡¡OS VOY A MATAR A TODOOOOOS!! ¡¡¡AAAJAJAJAJA!!

Acto seguido cargó con todas sus fuerzas, impulsándose con una sola pierna, ya que la otra aún no se había regenerado del todo, y con ambas manos envueltas en fuego, contra la única que seguía delante de él.

Sharah no se movía. Aunque el demonio lunático se acercaba a toda velocidad, ella no se movía. Blaider perdió la paciencia y apuntó al demonio con su rifle.

- Mal movimiento chaval

Una de las bolas de fuego impactó contra él, impulsándole para atrás y destrozando su arma. Andros esquivó la segunda a duras penas, ya que iba oculta tras la primera.
El demonio ya había cargado otras dos bolas y estaba ya a rango de Sharah.

- Por la rapidez de tus hechizos diría que eres un demonio hechicero.
- ¿Supone eso algún problema? – dijo riéndose
- Para tí puede.

Dicho esto congeló el aire enfrente suya y materializó una espada cuya hoja era de puro hielo, y la utilizó para congelar las bolas de fuego que le iban llegando simplemente “cortándolas” con ella. Las bolas congeladas se estrellaban contra el suelo y se rompían en pedazos. Pero al demonio no parecía importarle, seguía cargando envuelto en su locura. Cuando estuvo cuerpo a cuerpo, Sharah le esquivó, le hizo un corte en el abdomen, y se separó de él, con una tranquilidad pasmosa. El demonio se estrelló contra el suelo, casi incapaz de respirar.

- ¿Qué brujería es esta…? Arrg…
- Esta hoja congela todo lo que toca, incluido las heridas que provoca.

Y así era. El hielo se había apoderado de parte del abdomen, y se veía que se había introducido por la herida, imposibilitándole respirar.

- Maldita… seas… zorra…

Los cuerpos de los demonios ya estaban desvaneciéndose, cuando el demonio lunático perdió su sonrisa por última vez.

Una dura pelea, que acabó por fin. Pero no aquello por lo que estaban allí. Bob, que ya se había puesto su armadura, se acercó con paso lento pero decidido hacia el traficante que, inexplicablemente, se había quedado allí presa del miedo. Sus matones había huido en cuanto vieron la oportunidad.

- Ahora mismo me vas a explicar de dónde sacáis todo lo que traéis. Las armas, las armaduras, los materiales…
- ¡¡N-no tengo por que contestarte!! AAAAAAAAAARGGHH!!!

Bob clavó su espada, encendida, en una pierna, y con cara de completa frialdad volvió a decir exactamente lo mismo.

- L-lo traemos todo de Arcadia
- ¿De la capital?
- S-si, tenemos gente allí que lo r-recolecta para n-nosotros
- ¿Eres tú el único que trafica con ello?
- Está claro que no. E-es el gran negocio ahora m-mismo.
- ¿Quién más lo hace?
- H-hay dos grupos más, p-pero no se decirte cuales. Ca-cada uno tenemos nuestro propia fuente y n-no nos metemos con los demás.
- En mis tiempos las mafias erais más respetables, no meros juguetes de los demonios. – dijo Grondoar, que andaba apoyado en una rodilla limpiándose alguna herida.
- Los tiempos han cambiado, t-tenemos que sobrevivir como p-podemos.
- Lástima que tú ya no puedas.
- ¿Eh?

Bob sacó la espada de brazo del magnate, para acto seguido clavársela en el pecho, quemándole al carne y los órganos que pilló por el camino.

- Que forma más horrible de morir – comentó Blaider, que se acercó un poco.
- Qué forma más horrible de vivir – sentenció Bob, limpiando la espada y guardándola.
- ¿Y ahora qué? – preguntó Zoe.
- Primero recuperarnos. Después buscaremos al resto de mafias. Y después… iremos a Arcadia.

//////

- La avanzada de Loken ha fracasado mi señor.
- Era evidente, que no iban a caer tan fácilmente.
- Son una molestia, pero sabemos exactamente cuales va a ser sus pasos.
- ¿Qué hacemos ahora entonces?
- Nada. Dejad que caigan esos pequeños grupos de la ciudad. Así será más controlable después.
- ¿Y con Arcadia, mi señor?
- Eso lo dejo a tu cargo, Matheus. Haz lo que creas apropiado.
- Claro mi señor, tengo una pequeña idea, no muy rentable, pero si muy divertida.
- Lo que sea. No me importa lo que le pase a Arcadia, ya tenemos lo que necesitábamos de allí, así que haz lo que quieras.
- Sí mi señor.

Mientras salían de la estancia del Rey, no pudo reprimir preguntar.

- ¿Cuál es esa gran idea Mathew?
- Sabes que no me gusta que me llames así.
- Perdóooon. ¿Qué es lo que vamos a hacer, Matheus?
- Nuestras cartas ya están sobre la mesa, sólo tenemos que enseñarlas.

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